Cuando las “sospechas” aturden, mejor quedarse callado

En lo dicho, los morenistas creen que tienen el mundo a sus pies y todo lo que hagan y digan es su ley y nadie puede recriminarles, menos decirles que están errados en sus percepciones sobre hechos o sucesos que rodean a este bendito México que anda tirando la toalla por todo lo que le pasa y adolece.

El caso de la diputada Patricia Armendáriz es un clásico caso de una persona que se ha extralimitado en sus comentarios para fijar una postura absolutista, sin que evalúe si es lo correcto o no, si daña o afecta los sentimientos de terceras personas o en el caso que nos ocupa, cuestionar las circunstancias del asesinato del padre Marcelo Pérez Pérez, acribillado a tiros el domingo 20 de octubre en la ciudad de San Cristóbal de Las Casas.

En su cuenta de X, la legisladora federal por Chiapas, revictimizó al sacerdote al cuestionar la procedencia de los bienes del religioso, sugiriendo que no eran fruto de donaciones de una comunidad tan empobrecida.

“Me atrevo a sospechar que el crimen organizado ha rozado a la Iglesia. El sacerdote asesinado en San Cristóbal a decir de muchos tenía bienes que no vienen de la limosna. Menos de una comunidad tan pobre”.

Este es el texto original que levantó polémica y que ha sido cuestionado por la misma Iglesia Católica y por cientos de mexicanos que comentaron en redes sociales que lo dicho sobrepasaba los límites de una declaración, pues insinuar que tuviera en su poder una camioneta último modelo, por decir lo menos, no le daba derecho a expresarlo, menos en las circunstancias en las que se encuentra la entidad, producto de la fallida política pública en materia de seguridad que debería encabezar el Estado mexicano de la que ella forma parte.

En un segundo tuit de “arrepentimiento” producto de la presión social en las redes sociales, la legisladora se atrevió a decir que las comunidades chiapanecas, de acuerdo a su experiencia, se da este tipo de acuerdos o negociones.

Lógico que no dijo que éstos eran con los delincuentes, pero interpretando y dándole sentido a su primer comentario ahora volvió a generalizar un hecho en el sentido de que esta práctica se realiza de forma común en las comunidades indígenas.

Justificar el asesinato por estas circunstancias fue lo peor que pudo haber dicho alguien que es representante del pueblo, sin tener ninguna prueba a sus dichos

La diputada, tendencia nacional por este hecho, tuvo que eliminar lo publicado y en un segundo texto, se disculpó con la iglesia y a sus familiares, ya que aseguró pudo reflexionar de sus dichos y observó que no cumplía con su objetivo, que era “arrojar información” sobre el asesinato del sacerdote.

Ahora se entiende, por lo que dice, que tiene suficiente información que “arrojar” a la autoridad para dar con las verdaderas causas del asesinato. Habría que pedirle a las arquidiócesis de Chiapas, interpretando lo que dice Armendáriz, que den a conocer los bienes que poseen los clérigos, pues un padre no tiene porqué andar en carros del año o quiénes son sus amigos para ir aclarando paradas

A la diputada se le olvida que no necesariamente un clérigo, como el caso de Marcelo Pérez, en su condición de indígena, está impedido o no tiene las suficientes carteras para hacerse de un patrimonio, así se piense que éste sea a base de limosnas.

Son miles los que seguían y creían en la lucha que encabezada el presbítero y, todos ellos, con un peso que le hubiesen otorgado como contribución o pago a sus servicios de justicia, el párroco bien pudo juntar para comprar lo que le viniera en gana.

Además, lamentablemente su unidad no era blindada, entonces quiere decir que no le alcanzó lo que “negociaba o recibía” y eso al final lo condujo al trágico final.

Sospechar, como lo dijo la diputada, no conlleva a aportar soluciones. Aunque para ser sinceros, su respuesta a un internauta que le escribió que era una miseria justificar de esa forma el asesinato, la incrimina en el sentido que no sabe ni lo que dice, mucho menos en qué momento expresarlas.

Si la legisladora escribe “…mi trabajo en las comunidades me da bases para atreverme a fundar esa sospecha. No lo entiendo de otra manera”, obliga por sentido común a la autoridad para que explique a qué clases de sospechas se refiere o mejor no abrir la boca ni escribir nada. El protagonismo no siempre es buena compañía a nuestras intenciones.

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