Pobre México

A los mexicanos poco a poco se les está acabando el modo sonreír y a lo que nos referimos no se trata porque hayan recibido una ráfaga de metralleta por estar en el lugar, hora y día equivocado, como sucedió a los parroquianos que murieron en los bares de Querétaro o el Estado de México, sino porque sin hacer un solo disparo de bala, les han asestado golpes traicioneros a sus derechos como ciudadanos.

La Supremacía Constitucional, el avasallamiento al Poder Judicial Federal y la reelección de la titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, son tres ejemplos básicos, a los que los legisladores de Morena, Verde Ecologista de México y del Trabajo se han encargado de aprobar para dejar desamparados a trabajadores al no poder protestar ninguna resolución que vaya en contra de su persona o mejor dicho, no tendrá la menor posibilidad de encarar en igualdad de circunstancias a la ley que debería protegerlos.

De las dos primeras ya hemos tenido la oportunidad de fijar una postura, pero lo que raya en el cinismo es en la terquedad de reelegir a Rosario Piedra, una mujer que ha sido una comparsa para el gobierno federal al quedarse calladita ante la ola de masacres, por citar un rubro en específico, y dejar solas a las víctimas y a las familias de éstas, a las que su exigencia de justicia no prospera más allá de gritonear, llorar y maldecir, pero que no puede ni podrá tener como respuesta la clemencia de un órgano autónomo cuya función tiránica, de desprotección a las causas de los ciudadanos, está ahí, en los hechos, evidente.

Es lamentable que quienes se dicen los representantes del pueblo se comporten en pleno siglo XXI como lo hacía el Revolucionario Institucional en el siglo XX, sin el menor respeto por las minorías, pisoteando los derechos de quienes intentaron hacer pareja la disputa por la presidencia de la CNDH.

No, hoy no podemos decir que la democracia se práctica en el Senado de la República o en la Cámara de Diputados. Hoy, es lamentable decirlo, los mexicanos tienen las leyes en su contra. La luz de esperanza que se vislumbraba entre la misma corriente de morenistas no pudo prosperar para no reelegir a Rosario Piedra, la mujer que se ha dedicado a hacer todo, menos defender a los mexicanos.

Lo que se vivió en esta semana en el Senado refleja que la instrucción superior del pasado sigue vigente. Las órdenes se acatan, aun pasen por arriba de la actual y máxima autoridad en el país.

La relección de la señora Rosario Piedra sepulta toda oportunidad de que los derechos humanos se respete, se protejan. El circo que se vivió en el Senado, no porque los legisladores hayan hecho bromas o algunos actos malabaristas, sino porque entre los mismos integrantes del partido en el poder reconocieron que no se ganaba ni reconocía que el papel de la CNDH ha sido objetivo, plural y democrático, en favor del desprotegido.

En los debates en comisiones, fue tan dura la crítica y en su propia cara, que ni eso dobló al Senado para dejar sin efecto la presión para aprobar la decisión ya instruida desde hace meses. Tampoco importó que se dijera que la CNDH vela por los intereses político del gobierno, que incluso, antes que emitir recomendaciones en favor de las víctimas ante los abusos de las fuerzas armadas, se remontó al pasado, a tres décadas atrás, para abrir el expediente del caso Colosio, cuando el propio hijo del líder priista que fue acribillado a balazos en una plaza pública, haya dicho que no se juegue con la memoria de su señor padre, que lo dejen descansar en paz.

Acuerpar las decisiones cupulares que antes criticaba hasta con actos circenses para llamar la atención, nos ejemplifican cuánto cambia una persona en sus ideales estando del lado del poder. Sino que se lo pregunten al presidente del Senado, Gerardo Fernández Noroña, a quien le parece que Rosario Piedra es una “compañera probada, comprometida y que ha sufrido acoso durísimo de las organizaciones de derecha”. Que le parezca es una cosa muy distinta a que sea objetivo con la penosa realidad que hoy rodea no solo en la CNDH, sino a muchas instituciones pisoteadas, sobajadas al poder del que manda en este país.

Una votación dirigida, forzada, la que se llevó a cabo en el Senado y la que determinó cuál era el “consenso” para elegir a quién ya se había ordenado sería la elegida, al grado que los senadores de Morena, del PT y del PVEM, fueron obligados a mostrar su voto antes de colocarlo en la urna, al tiempo que los de la oposición votaron con una mampara.

Que haya sido la peor evaluada tampoco importó ni interesa. Los postulados de la Cuarta Transformación cada día, a cada instante, caen por su propio peso, y ya serán los propios mexicanos a los que les caiga el veinte cuál fue el verdadero significado de poder que le dieron con su voto a Morena y sus aliados, por decir, lo menos. En verdad, pobre México, esto no estaba en el libreto de su historia.

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