El PAN o se reinventa o cava su tumba
El Partido Acción Nacional no sólo en México tiene la misión de sacudirse la malaria de pésimas dirigencias que lo llevaron a estar en la lona, de la cual tendrá que renovarse o despedirse de la política en activo.
Los nuevos cuadros tienen que enfrentar la estigmatización que les adjudicó la propia presidenta de México, Claudia Sheinbaum, al llamar, sin pruebas, por cierto, que Jorge Romero, el nuevo dirigente que tomará posesión hoy viernes, como el líder del Cártel Inmobiliario de la Ciudad de México.
Con estas piedritas y con la improductividad y falta de compromiso de los dirigentes de los estados, serán en parte los problemas duros que tiene que enfrentar el nuevo líder del panismo, una tarea que no será nada fácil de construir positivamente debido a que los comités estatales tienen sus amarres y fobias internas, los cuales han hecho mella en el objetivo de trascender.
Otro problema nacional que tendrá que resolver a la brevedad es si continuará con la alianza que tienen pactada con el Partido Revolucionario Institucional. Ambos institutos políticos han experimentado que no fue la mejor decisión ir en coalición en las elecciones pasadas de junio.
A partir de la decisión de regresar a sus origines, es decir, de luchar solos, se enfrentará al descontento que arrastra de la ciudadanía por tener a impresentables, que se adueñaron del PAN para sus fines personales, más no para que repuntara.
Xóchitl Gálvez Ruiz, la excandidata presencial, una mujer sin cola que le pisen, a pesar de recibir infinidad de denuncias por supuestos actos de corrupción, levantó la expectativa para sacar al partido, sin pertenecer a él, del estancamiento en que se encuentra.
En parte lo logró, los votos que alcanzó le permitieron al partido estar por arriba del PRI, que, a pesar de los pesares, mantuvo la vertical, aunque el PRD que la acuñó en los principios de su carrera, dejó de existir al no lograr obtener el 3 por ciento de los votos totales de la elección pasada.
Sin embargo, muy tarde se dieron cuenta que la presencia de líderes incómodos, ventajosos y tramposos, como lo ha sido Marko Cortés, quien tampoco pudieron quitárselo del camino para que no se cometiera tanta burrada, fue el lastre que en nada le ayudó al partido a revertir los resultados obtenidos en las urnas.
La derrota fue estrepitosa y la que menos culpa tuvo fue la excandidata, quien lamentablemente no tuvo el acompañamiento sólido de las dirigencias partidistas que la acuerparan, o, mejor dicho, hubiese sido preferible que caminara sola, con una imagen fresca, sin la contaminación visual de los partidos.
Estas situaciones marcaron la derrota. Ahora se está en la pregunta de los 64 mil pesos o del millón, sobre qué hay que hacer para vencer estas inercias, los vicios que hay en las entidades, para hacer a un lado los cotos de poder prevalecientes en los estados.
En Chiapas, por ejemplo, el partido prácticamente ha desaparecido. No tiene alcaldes que lo representen en los 124 ayuntamientos y apenas, producto del efecto Xóchitl, logró amasar por la vía de la representación proporcional dos diputaciones locales, cuya voz en la LXIX Legislatura local, no se escucha menos que vibre.
Carlos Palomeque Archila, en su segundo periodo al frente del PAN en la entidad chiapaneca, lo único que le ha traído ha sido es el descenso estrepitoso en cuanto a la presencia de sus bases en el territorio chiapaneco. Ni los votos de los ayuntamientos que tenía por tradición ha podido recuperarlos.
El fracaso ha sido total que, si no se reinventan para recuperar la confianza de la militancia y la sociedad que aún comulga con los postulados del panismo, veremos en estos próximos tres años a un partido arrastrando la cobija.
Pero en verdad, lo que Jorge Romero debe hacer es una limpia en la que incluso no participe el perdedor de Francisco Rojas Toledo, el regidor del ayuntamiento que encabeza Ángel Torres Culebro, por la sencilla razón de que no ha logrado nada y porque sus promesas las ha incumplido.
Ha corroborado que retirarse de la política sería un error. Lo que no entiende el galeno de profesión es que su tiempo ha cumplido el ciclo de la vida, ya no es la opción que tanto pregona, pues si así hubiese sido, hoy estaría gobernando Tuxtla, pero se niega a tirar la toalla para no dañar más la imagen del partido azul.
Entre tanto, Jorge Romero deberá sacudirse la falsa estampa de que lo acuerpan panistas de cepa, cuando en realidad sólo son políticos que no pierden el tiempo para buscar puestos claves. En ese tenor, no entienden que sólo están cavando la tumba de un partido que con el paso de los días se va desvaneciendo, enterrando los postulados de los verdaderos panistas que hoy son recordados con nostalgia, cuya lucha histórica la están soterrando.










