La importancia de la diplomacia
Después de seis años de opacidad con el mundo exterior, México volvió a estar presente en un evento internacional, donde se encuentran las potencias comerciales y económicas como lo es la Cumbre de Líderes del G20, esta vez realizada en Brasil.
Notorio el cambio de la política exterior porque el expresidente Andrés Manuel López Obrador siempre se negó a asistir, aunque, habría que decirlo, participó de forma virtual en la celebrada en el 2020 debido a la pandemia. De ahí en fuera, no asistió a ningún encuentro que se celebra año con año con las mayores potencias económicas del mundo.
Durante dos días, la presidenta Claudia Sheinbaum se salió del libreto que había dejado “escrito” AMLO que dijo que “la mejor política exterior es la interior”.
En los últimos cinco años, siendo presidente, López Obrador, presionado por las circunstancias, visitó dos veces los Estados Unidos, uno con Donald Trump y otra con Joe Biden. Una tercera gira la realizó por países centroamericanos, como Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y Cuba, y la cuarta estuvo en Sudamérica, donde visitó Colombia y Chile.
Además, sus confrontaciones lo identificaron como un personaje que se quiso meter en la vida política de otras naciones, defendiendo a sus “amigos y amigas” que comulgaban en ideología. Perú, Argentina, Ecuador, España, Bolivia, Colombia, Austria, Israel, la “pausa” con Estados Unidos y otra media docena de conflictos con igual número de naciones, fueron la herencia del obradorismo.
Esta situación le ha traído una mala imagen al país pues no habían existido episodios dignos de comentarse con ex mandatarios de México, como los suscitados en el pasado inmediato, calificados como “normales” que tuvieron, por ejemplo, Vicente Fox Quesada, con Cuba, cuando le dijo a Fidel Castro, “vienes, comes y te vas” o las desavenencias de Felipe Calderón con Hugo Chávez, de Venezuela.
Después del receso impuesto por López Obrador, la presidenta de México aprovechó, eso habría que destacar, la conversación que sostuvo con los jefes de Estado de Estados Unidos, Joe Biden; China, Xi Jinping; Canadá, Justin Trudeau; Francia, Emmanuel Macro; y Brasil Luiz Inácio Lula da Silva, entre otros.
La señal es sin duda benéfica para México porque se vuelve al plano internacional y porque es necesario que nuestro país tenga esa visión estadista para poder consolidar la globalización de los negocios.
Cierto es que no quiere decir nada que se reúna con los grandes mandatarios que gobiernan este universo si no se tienen o se llegan a negociaciones trascendentales, pero por lo menos se inicia con el pie de derecho para poder ir “suavizando” el ambiente con Canadá y Estados Unidos, por ejemplo, donde próximamente se reiniciarán las pláticas del TEMEC, claro, con la observación que en ésta ya estará al frente el siempre controvertido Donald Trump.
Bien dicen que no es lo mismo tratar con “el dueño del circo que con los animales” y en este caso, sin que esto se tome a discriminación, qué importante resulta para México que sea la propia presidenta la que ponga las cartas sobre la mesa, se disipen las diferencias y se abra el camino para llegar a negociaciones consensuadas
El encuentro con el presidente de China también resalta para dejar en claro que todos los países tienen la oportunidad de llegar a territorio mexicano para invertir, y aunque el país oriental prácticamente nos tiene invadido con sus productos, es buena la ocasión también para empezar a fijar políticas que regularicen su entrada.
La diplomacia de Macron, de Francia, fue la nota que se hizo viral en redes sociales cuando se acercó a saludar a la presidenta, dándole un caluroso saludo, besándole la mano. La elegancia propia de los franceses representa el respeto entre las naciones y eso es justamente lo que importa, más allá de que si este gesto del mandatario fue tendencia.
El encuentro con el presidente del país anfitrión era obligado por las “simpatías” entre izquierdistas. Lo importante, fuera de las propuestas que dio a conocer la presidenta y que serían tema de análisis por aparte, es que México vuelva a tomar vueltos altos.
Ojalá que esta experiencia le indique a la presidenta Claudia Sheinbaum que es necesario recuperar las relaciones bilaterales con las naciones que AMLO dejó a la deriva. Darle prioridad a la diplomacia suavizará muchos encuentros desagradables y facilitará siempre una mejor comunión para los acuerdos bilaterales.










