En Oxchuc, Cecilia recibe el «cariño» de sus adversarios
Lo que son las cosas. Cuando Cecilia López Sánchez tenía todo el poder como diputada local, hacía y deshacía. Le importaba un bledo que las víctimas de violencia en su natal Oxchuc, pertenecientes al grupo contrario, se quejaran o iniciaran denuncias ante la Fiscalía Indígena porque nunca procedieron en su contra, acusada de sublevar la zona para alcanzar sus fines políticos y hacer eco a su ambición de poder.
Hoy, cuando azuza de nueva cuenta las raíces de la ignominia para alcanzar la presidencia municipal recibe una sopa de su propio chocolate, luego de que «desconocidos» le prendieron fuego a una de sus camionetas de lujo que utiliza y que «fueron fruto de su arduo trabajo como legisladora».
Tras los hechos, la ex diputada indígena presentó una denuncia contra los ‘bárbaros’ e incontrolables hombres de este municipio cuya característica ha sido “la violencia y estirar la mano para que el gobierno continúe brindándole apoyos sociales y hasta la entrega en especie de recursos del famoso Copladem”.
El punto central es que ahora que terminó su beca en la LXVIII legislatura, busca afanosamente ser la alcaldesa de su pueblo, pero se le olvida que durante dos periodos intermedios en qué fue representante popular nunca de los nunca abogó por las causas sociales de Oxchuc.
Ahora su ambición política la describe como es, es decir, dicen sus adversarios, como una oportunista que brinca de institución a institución no para servir sino para servirse del puesto.
Sus mismos detractores la catalogan como una persona enferma de poder, y si es cierto esta consideración, nos imaginamos que debe estar al borde de la desesperación porque se le esfuma la oportunidad de ser alcaldesa.
Ahora que les causaron desmanes a sus propiedades, viene el recuerdo de cuando encabezaba una férrea lucha contra su contrincante María Gloria Sánchez, contra quién no descansó hasta desterrarla prácticamente de la vida política y a quien culpó de todos los «horrores» que padecía en aquel entonces el municipio.
Cierto es que nunca ha reconocido su intervención tras los desmanes violentos que se han presentado en aquel municipio y no tendría por qué hacerlo, pero los señalamientos no son de la lectura de lo que sucede por allá, sino que provienen de los propios pobladores, que, por cierto, en su mayoría, no la quieren porque saben que ha estado siempre atrás de los bloqueos registrados en Ocosingo, Palenque y San Cristóbal, sin dejar de citar a Oxchuc.
Arropada por las organizaciones Comach y Sentimientos de la Nación, se dice, sostiene encuentros para operar actos de desestabilización que la lleven a la presidencia municipal.
Tan evidente es su injerencia en la desestabilización, que en la comunidad El Corralito, zona de influencia de la exlegisladora, los problemas iniciaron una semana después de que dejo el cargo, el primero de octubre pasado.
En este contexto, tiene mucho valor y credibilidad la denuncia pública que hizo Marco Antonio Pérez, en el sentido de que detrás de la reciente quema de varios locales del Mercado Provisional, instalado en la explanada del Parque Central y algunos vehículos, “está la ex diputada que azuza a la violencia”.
Tampoco hay que dejar de citar que la ex diputada está acusada de presuntos de delitos contra la paz social, tanto que la propia Fiscalía intentó desaforarla y meterla a la cárcel por desestabilizar la gobernabilidad en Oxchuc.
Pero no sólo ella, también están gozando de la vida Baldemar Morales Vázquez, excandidato del Panal, Jaime Sántiz Gómez, de Chiapas Unido, quienes bajo las órdenes de la entonces legisladora, provocaron confrontaciones en la zona.
Viejas afrentas que hoy toman vigencia, todo por la avaricia no estar fuera del presupuesto, aunque en realidad el servicio social hacia los gobernados, cuando se tienen puestos de representación popular, quede en segundo plano.










