La descolonización nos lleva a la gentrificación: migrantes y turistas, no son lo mismo

EDITORIAL

Gran expectativa hay en el sector turístico en Chiapas: primero, la percepción de seguridad cambió radicalmente, y con el lanzamiento del proyecto “Chiapas Extraordinario por Naturaleza” por parte de Sectur, se espera que en los próximos años de la nueva ERA, el turismo extranjero venga a generar una derrama económica para quienes se dedican al ramo: aquí viene un problema, que, en caso de no atenderse o generar legislaciones pertinentes, se podría enfrentar una crisis sin precedentes: la gentrificación.

El término mencionado alude a dos condiciones: la movilidad de personas extranjeras provenientes de países hegemónicos que se establecen en un país tercermundista, lo cual ocasiona que los locales sean desplazados; también, está el caso donde personas de una posición social más privilegiada (clasemedieros con aspiraciones), llegan a un barrio pobre o de bajos recursos, establecen negocios para satisfacer a cierto sector, como los “hípsters” o esos supuestos “descolonizados” (cafeterías ecofriendly o veganas, veterinarias, centros culturales independientes y demás), generando que ese asentamiento popular cambie de identidad. Etimológicamente, la palabra es de origen anglosajón, del término “gentry”, la cual alude a una clase social privilegiada o una alta burguesía en la Inglaterra del siglo XIV y XVI, que posterior al mandato de Enrique VIII se fortaleció políticamente.

Una vez aclarado el significado de este concepto nocivo, es preciso mencionar situaciones: San Cristóbal de Las Casas ya padece a esos “blanquitos descolonizados”, y no es de extrañar que los locales, furiosos delincan a estos invasores: prueba de ello los “motonetos”.  En ese mismo tenor, la capital chiapaneca, Berriozábal, Coita y algunos municipios que resultan exóticos al turismo internacional, podrían presentar síntomas de la gentrificación: por ejemplo, en Tuxtla, ya hay avistamientos de estos “inquilinos morosos”, sobre todo en el centro o en fraccionamientos clasemedieros, tanto así que muchos arrendatarios ya están tomando conciencia de no rentarles a extranjeros.

Un factor que está atrayendo este problema, es la famosa denominación de “Pueblos Mágicos”; esta categoría busca generar en ciertos municipios con gran potencial turística, ya sea por su historia, áreas naturales o arqueológicas, o por ser el estandarte de cierto producto mundialmente conocido. Esto propició que en esas zonas se encarezca todo, sobre todo las tierras: desafortunadamente, los carteles inmobiliarios se benefician de este fenómeno, al generar modas por cierto lugar con plusvalía, y claro, las aplicaciones como Airbnb también contribuyeron a que la gente pierda su vivienda.

Otro factor que debemos tener en cuenta es la globalización: en esta aldea global, los territorios y las identidades son puro mercantilismo, sumado a que la gentrificación es una nueva modalidad del colonialismo, disfrazado de apreciaciones pretensiosas con un gran desconocimiento de los contextos. Aquí entra una figura que está relacionadas con la gentrificación: el “nómada digital”, estos individuos que se hicieron latentes en la pandemia de Covid-19, al realizar su trabajo en modo “home office”, buscaron establecerse en ciudades donde su moneda rindiera más, estableciéndose y “dándonos en la madre” con su presencia. Asimismo, muchos académicos provenientes de países europeos, universidades norteamericanas o del centro país, también son gentrificadores: esto ha sido un problema en las aulas de universidades chiapanecas como la UNACH o la UNICACH.

Ojo, en la definición de gentrificación, es preciso separarlo del fenómeno migratorio, ya que este último tiene que ver con las personas en un contexto de movilidad, una condición histórica donde las personas menos favorecidas se tienen que mover de su lugar de origen por violencia, desplazamiento y por la búsqueda de mejores oportunidades, en contraste, con quienes pueden viajar a otro lugar denostando su “privilegio de clases”.

Por último, pero igual de importante, los casos que se han viralizado en redes sociales, donde los extranjeros violentan a los locales han causado indignación, ejemplo el incidente con Joan Serra Montagut, quien agredió a una mesera en Yucatán.  Esta y otras situaciones similares, cuestionan la viabilidad de darles hospitalidad a estos extranjeros hostiles; no por nada en el Himno Nacional Mexicano, cuando se alude a “Masiosare” o el “extraño enemigo” que profana con su planta su suelo, es necesario remitirnos a nuestro nacionalismo; eso sí, sin xenofobia, pero conscientes que debemos defender nuestro territorio.

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