Oxchuc vuelve a las andadas

La luna de miel duró muy poco. De hecho, se sabía que en un municipio donde por “tradición” conseguir dinero fácil era impensable que algunas gentes se conformaran con el pacto de civilidad, de respeto, impulsado por las propias autoridades estatales, y olvidarse de los privilegios que les da taponear carreteras y realizar boteos para pedir cuotas “voluntarias”, era una prueba muy dura que no estaban dispuestos a perderla.

El municipio de Oxchuc tiene como antecedente serias grescas, enfrentamientos o emboscadas por cuestiones políticas y otro tanto agrarias, pero, sobre todo, las diferencias se han tornado difíciles por la llegada de nuevos credos que han desbancado a la oficial, como es el catolicismo.

La llegada de nuevas ideologías desde hace más de 30 años, las cuales se han asentado principalmente en la zonas indígenas y rurales del estado, ha sido surtiendo efecto tan efectivo que la máxima de “divide y vencerás” ha sido el arma preferida de los líderes, de cualquier tipo.

Este caso es el mismo que se hablara entre partidos políticos, donde ahora el ganón es Morena, que ha sabido disfrazar su fórmula y descarrilar al Partido Revolucionario Institucional. Nadie se hubiese imaginado hace una década que en este tiempo el reinado del PRI acabaría casi en su totalidad, pero tampoco nadie se hubiese percatado que la mayoría de los que hoy dominan el país, incrustados en los partidos de Morena, del Trabajo y Verde Ecologista, vinieran del mismo tricolor.

El trabajo de persuasión ha sido tan eficaz que hoy en México el país está prácticamente pintado de color guinda, aunque las cúpulas sepan que este arrastre no es por convicción sino por conveniencia, pero que al final, el fin que se persigue es copar.

Todo este contexto se encierra en lo que pasa en el municipio de Oxchuc. En los últimos años, dominado por la violencia emprendida por grupos de choques, bajo la orden de partidos opositores al PRI, al que se revelaron para meterlo en un pozo, sin escapatoria. La misión era derrocarlo y vaya que lo han logrado.

Junto con Zinacantán y San Juan Chamula, por ejemplo, Oxchuc no sólo tenían una presencia omnipotente para acatar lo que el Revolucionario ordenaba. Sin embargo, el cansancio, el hartazgo llegó a su límite y poco a poco, con la brutalidad en cuanto a cantidad de apoyos sociales, el encanto se descantó y las miradas empezaron a volverse hacia Morena.

El poder absoluto ha cambiado. Sin embargo, aunque sean otras banderas políticas las que gobiernan, las formas y el fondo sigue siendo el mismo. En Oxchuc los líderes, muchos de ellos, bajo mantos protectores de alguna religión, no han logrado cambiar la mente del indígena para que se pongan a estudiar o emprendan proyectos comunitarios, sociales, no.

Lo malo es que tampoco han podido quitar esa mala práctica de pedir dinero a los conductores que recorren la carretera que los une con Ocosingo o San Cristóbal de las Casas. La reciente elección pacífica y ordenada para elegir mediante usos y costumbres a sus autoridades fue un logro sorprendente del que se pensó, se tomaría como un ejemplo para no volver al camino de la desestabilización, pero parece que no es así.

Las semanas de fiel comportamiento había alegrado a trasportistas y ciudadanos que tienen la necesidad de transitar esta zona se diluyó este fin de semana cuando las noticias de nuevos bloqueos para exigir peaje.

En la comunidad El Corralito, sus autoridades están quitándole la chamba a las estatales y federales. Si hay accidentes carreteros se abocan a retener a los conductores y exigir multas por daños a la vía pública como si estos fueran a rehabilitar el tramo.

El abuso y el miedo se hace presente como le pasó el sábado pasado a un grupo de nueve turistas retenidos. El percance entre dos unidades generó el abuso y se tuvo que pagar la fuerte cantidad de 50 mil pesos.

La impunidad no puede seguir reinando y si el Estado ha implementado una política de pacificación, también tiene que extenderse ésta en los territorios donde grupos, por su ubicación estratégica, se apoderan de los escenarios carreteros para cometer sus fechorías.

Esto no debe seguir pasando porque le hace daño a la imagen del estado, y porque bajo el pretexto de los usos y costumbres, los abusos siguen a la orden del día en comunidades como la que se presenta en El corralito.

Algo habrá que hacer para no estar expuestos a situaciones adversas. El Estado es quien debe regular, atender y darle solución, conforme a la ley, si no quiere que se le revierta lo logrado hasta el momento.

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