La importancia del valor de las infancias
Una de los discursos más sobresalientes del actual gobernador, Eduardo Ramírez Aguilar durante su toma de protesta estuvo relacionado con el cuidado de la niñez: “Ya no queremos ver a niños pidiendo limosnas, queremos ver a niños en la escuela, con sus padres: a los padres y madres de familia no los manden hacer ese trabajo”.
Lo anterior fue una advertencia, pero era un compromiso por parte de su administración para generar condiciones favorables para las infancias chiapanecas. Pasado los 100 días, la apuesta sigue: desde el programa Chiapas Puede hasta la implementación “Vive feliz, vive saludable”, la cosa va en serio, ya que se está priorizando la salud y la educación de las niñes chiapanecas.
También, con la pacificación del estado, en puntos donde la inseguridad desplazó a los niños y sus familias, se resarció una deuda para estas infancias que son afectadas; eso sí, aún falta mucho por hacer, ya que las condiciones de pobreza calan profundamente en los contextos de estos.
Hoy 30 de abril, que se conmemora el Día del Niño y la Niña, las aulas de Chiapas realizan un convivió donde los más pequeños dejan la indumentaria habitual, son consentidos por los docentes y los miembros del comité de padres familia, juegan y en las tardes saturan las plazas comerciales y centros de entretenimiento; en contraste, con los niños que están en los semáforos o en el ambulantaje, a esto se suma la presencia de los infancias migrantes, quienes soportan las precariedades de su éxodo y la discriminación.
Estos contrastes entre las infancias privilegiadas y marginadas, reflejan las grandes desigualdades que no se han resuelto del todo, considerando que Chiapas ocupa, desafortunadamente, los primeros lugares en estadísticas poco favorables; si bien en el marco legal se busca castigar a quien atente contra las infancias: abuso sexual, maltrato, bullying y demás formas de violencia, su aplicación debe darse con el debido rigor contra los victimarios, no dejar esos atropellos en la impunidad.
La conmemoración del Día del Niño surge después de los acontecimientos lamentables del siglo XX, como las guerras mundiales que dejó en la orfandad a muchos niños y mostró los horrores de esta hacia ellos, por lo que este día es un recordatorio sobre sus derechos, su importancia en la sociedad y de la conciencia para generar mejores condiciones para estos.
Recordemos que históricamente, los niños eran vulnerables: en periodos antiguos fueron esclavos y eran explotados, sin tomar en cuenta que eran las primeras victimas de guerras y pestes; en la era industrial, se recrudeció, siendo injustamente parte de la fuerza laboral. De esta manera, la historia nos recuerda amargamente que las infancias carecían de derechos y participación.
Ahora bien, en el contexto de Chiapas si la pobreza y la falta de acceso a servicios básicos para las infancias vulnerables, pesan y son una deuda histórica, otros crímenes contra estos no han sido resueltos: los matrimonios infantiles que se dan en comunidades indígenas, persisten y lamentablemente, los usos y costumbres resguardan esta injusticia; claro, la Legislatura también debe ser un aliado para las infancias, no sólo en generar eventos donde se promueva la participación de estos, sino en promover leyes más justas y que estas se lleven a cabo.
Por último, el discurso del gobernador de Chiapas sobre la utopía en donde los niños no sean mendigos o tengan que trabajar, es una reflexión para todos los sectores, para generar las condiciones en que ellos disfruten esta etapa, jugando, aprendiendo y sonriendo, porque cada niño en los cruceros es una derrota para quienes deberían velar por ellos.










