Interacción social adaptativa: la empatía
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]
La empatía ha sido considerada como la habilidad para entender y compartir los estados emocionales de las otras personas, así como para responder a ellos adecuadamente. Supone comprensión profunda, intelectual y emocional de la situación vital del otro. De ahí que sea una precursora fundamental de muchas formas de interacción social adaptativa.
La empatía, considerada aquí como una competencia cognitivo-emocional docente, constituye un proceso fundamental para establecer interacciones personales positivas. En el ámbito escolar, la empatía puede permitir a los docentes mejorar las relaciones con sus alumnos en el aula, además de prevenir situaciones de acoso y violencia escolar desde edades tempranas.
Resulta innegable que docentes de todos los niveles, deben acreditar un nivel empático suficiente que les permita tener la sensibilidad necesaria para comprender a los educandos con los que trabajan y, llegado el caso, también a familiares y colegas, hacia los que se ha de mostrar una actitud de diálogo y sintonización, claves en las relaciones interhumanas y en todo el proceso educativo.
Entendiendo la formación de la personalidad del docente como un proceso cambiante, se cree que el desarrollo de un nivel empático óptimo, llevará a los docentes a la congruencia en el manejo de sus relaciones interpersonales, a la armonía en la interacción con sus alumnos y, por tanto, a un mejor desempeño profesional. Ella es fundamental para una mayor aproximación, encuentro y aceptación del otro y, por tanto, para una mejor relación educativa. Así pues, la empatía puede ser relevante en aspectos como la promoción del desarrollo personal del alumnado, para la prevención del bullying e incluso en la promoción de la resiliencia.
Ahora bien, la falta de capacidad empática está relacionada con actos antisociales graves, conductas de abuso, así como con la ausencia de sentimiento de culpabilidad y con la indiferencia ante actos violentos cometidos hacia otras personas; hay docentes que problematizan innecesariamente a los alumnos, dando a entender que no tienen posibilidad de mejorar o que han cometido una falta tan grave que no hay expectativa de solución. Desde esta perspectiva, se han de evitar los juicios muy negativos que puedan impedir o frenar el desarrollo personal, sin que ello suponga, claro está, aceptación de todas las conductas.
El docente insuficientemente empático se mantiene distante del alumno, se muestra poco comprensivo y tiene serias dificultades para acreditar una actitud genuinamente educativa. Otro riesgo es el de la implicación empática excesiva, que puede dañar la relación interpersonal, el proceso educativo y hasta la propia salud mental del profesional, más propenso a quemarse. Se precisa, pues, un equilibrio empático entre la vertiente cognitiva y la afectiva, así como que preste atención a la distancia educativa óptima.










