Meritocracia: justificación de la desigualdad económica

Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas. [email protected]

El interés por el fenómeno de la desigualdad económica, se ha incrementado notoriamente en los últimos años. Las crisis financieras, los movimientos sociales y las demandas por mayor redistribución de recursos alrededor del mundo, han motivado a los científicos sociales de distintas disciplinas a centrarse en el estudio tanto de aspectos objetivos, como subjetivos de la desigualdad. Tras esta agenda se encuentra una paradoja: ¿Cómo es posible que los individuos en sociedades democráticas puedan convivir con extremos niveles de desigualdad? El supuesto en la base de esta pregunta, es que la igualdad es un valor central y consensual en las democracias modernas y que, por lo tanto, la desigualdad sería una amenaza para ellas.
Sin embargo, aun cuando sería esperable que en sociedades con mayor desigualdad existieran mayores presiones hacia la redistribución económica, la evidencia sugiere que esto no necesariamente ocurre en la práctica. En este sentido, el estudio de distintas formas de justificación de la desigualdad económica, cobra especial importancia a la hora de entender la relación entre desigualdad e injusticia y las acciones que se toman en torno a ellas.
Desde las ciencias sociales, se ha señalado que el advenimiento de la modernidad ha tenido como una de sus implicancias la necesidad de generar mecanismos concretos y simbólicos que permitan y expliquen la asignación de los recursos de forma desigual, pero sin recurrir a elementos característicos del antiguo régimen, como herencias o títulos honoríficos.
Los ideales de igualdad que se afirman principalmente desde la Ilustración, comienzan entonces a socavar la legitimidad de características adscriptivas como bases para la distribución, abriendo espacio a criterios de mérito individual como el esfuerzo y el talento. Así, la meritocracia se puede definir de manera general como la idea (implícita o explícita) de que se recibirá una compensación proporcional a los méritos propios, mientras la conducta se mantenga dentro de los límites de la estructura jurídica y de lo socialmente aceptado.
Este principio de asignación, serviría para legitimar la jerarquía de estatus presente en las democracias industriales modernas, fomentando la idea de ser sociedades que respetan y promueven la justicia social, en contraste con las dominancias coercitivas o heredadas de las élites en las sociedades tradicionales previas.
Por ende, la meritocracia posee un lugar central en estudios de estratificación y movilidad social. Sociedades más móviles se caracterizarían por un menor grado de determinación familiar del estatus individual, dejando, por tanto, mayor espacio al mérito individual como factor determinante de la posición social alcanzada.

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