MILENIO / Kyra Galván
Conocemos el aspecto físico de la reina Nefertiti por un busto de yeso que fue encontrado intacto en 1912 entre los restos del taller del escultor Tutmosis en las ruinas de Tell el Amarna por el arqueólogo alemán Ludwig Borchardt. A partir de entonces, el exquisito busto viajó a Alemania y recorrió un largo camino pasando por una mina de sal en Turingia durante la Segunda Guerra Mundial, hasta el día de hoy donde se exhibe en el Museo Neues en Berlín. Y desde la caja blindada donde se encuentra captiva, su belleza nos persigue como una maldición.
Es mucho lo que no sabemos de Nefertiti y aun así queremos seguir su rastro en la Historia y descubrir su destino. Su nombre significa “la bella ha llegado”, y se cree que nació aproximadamente en el 1370 antes de nuestra era y se convirtió en la Gran Esposa Real cuando se casó con Amenhotep IV, conocido como el faraón Akenatón, probablemente a los trece o catorce años.
Bella, poderosa, divina, y, sin embargo, su vientre sólo concebía niñas y Akenatón ansiaba un heredero varón. Después de haber dado a luz a seis hijas y de haber sido la favorita, Nefertiti se enfrentó a la cruda realidad de tener rivales en su alcoba.
Tendrían que pasar 3 mil 500 años para que la belleza deslumbrante de una mujer olvidada de la antigüedad nos hablara desde las ardientes arenas del desierto.










