La Doctrina Estrada y el posicionamiento de Claudia Sheinbaum ante el conflicto Israel-Irán

México en el plano de la diplomacia internacional se ha caracterizado por ser una nación amistosa; si bien en gran parte del siglo XIX libró enfrentamientos bélicos con Estados Unidos y Francia, respectivamente, no es si no en los primeros años del siglo XX cuando la República Mexicana adquiere ante las demás naciones un rol importante, el de un país amistoso y sobre todo como un partidario justo ante la resolución de los conflictos.

Recordemos que, cuando aún existía la Liga de Naciones (antecedente de la ONU a principios de las primeras décadas del siglo XX), cuando los regímenes fascistas de Alemania e Italia invadieron a otras naciones, México se pronunció en contra de estas anexiones forzosas, especialmente sobre Austria.

Es aquí donde surge una figura relevante en la diplomacia internacional y claro, en la historia política de México: Isidro Fabela, quien durante la Segunda Guerra Mundial demostró el alto compromiso de la nación mexicana ante las adversidades y siendo un aliado-amigo de las naciones. De esta manera se establece lo que se conocería como la Doctrina Estrada, la cual establece ante la diplomacia la idea de la “No intervención y la autodeterminación de los pueblos”.

Este concepto, le ha ganado el respeto del mundo a México, que posiciona a nuestro país como el aliado-amigo de otras naciones, generando lazos internacionales sin igual y en algunos momentos, ofreciendo asilo a refugiados. Los ejemplos sobran, como fue el caso de Lázaro Cárdenas que refugió a menores de edad provenientes de España durante el franquismo y Adolfo López Mateos que, ante el conflicto de Cuba en medio de la Guerra Fría, mostró gran resilencia, diplomacia y una imparcialidad sin igual; desde luego, existen casos deshonrosos como el “Comes y te vas” de Vicente Fox Quesada y recientemente la disputa con Ecuador.

Todos estos antecedentes reflejan la posición de México frente a los conflictos internacionales, que en estos días con la guerra arancelaria y el bombardeo de Estados Unidos a bases militares de Irán ponen a prueba a México y a la Cuarta Transformación, ahora en papeles más relevantes para Claudia Sheinbaum en el plano internacional.

En días recientes, la embajada de Irán solicitó la intervención de la presidenta de México, ya que su influencia en estos últimos meses ha generado adeptos fuera del país y la posiciona como una diplomática de gran peso; de hecho, dado ese carisma y templanza, la ex jefa de gobierno de la CDMX tiene sobre sus hombros el peso histórico de la Doctrina Estrada.

Sin duda, Sheinbaum ha demostrado una estatura moral ante el conflicto: primero condenando el ataque suscitado este fin de semana, además, durante las cumbres y foros internacionales, su posicionamiento, más allá de mostrar un discurso en favor de la paz, busca la concientización, solidaridad y la hermandad de los pueblos.

También, ha mostrado una apertura al diálogo, que no sólo mostró con Donald Trump, sino frente a sus homólogos internacionales.

Si bien se ha mostrado imparcial en el tema del conflicto israelí, eso no la exime de ciertas acusaciones, las cuales resultan infundadas, ya que su origen judío ha generado una cierta antipatía de sectores antisemitas y de quienes protestas por lo sucedido en Palestina; es más, en las protestas contra la ocupación Palestina, se ha sugerido que México rompa relaciones con Israel, lo cual resulta contraproducente no sólo en sus relaciones diplomáticas y la posición del país en el conflicto, sino porque esa nación es uno de los socios, proveedores y quien compra productos mexicanos, por lo que el rompimiento, más aún en esta crisis arancelaria le resultaría a la nación contraproducente.

Retomando la postura de Sheinbaum en este entramado internacional, su posicionamiento en este conflicto puede demostrar el gran legado diplomático de México y generarle un reconocimiento ante la comunidad internacional.

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