Ansiedad y meditación: vertiente de aplicación terapéutica
Lilia Ma. Calderón/Las Margaritas, Chiapas [email protected]
El término ansiedad, alude a la combinación de distintas manifestaciones físicas y mentales que no son atribuibles a peligros reales, manifestados en forma de crisis o bien como un estado persistente y difuso, pudiendo llegar al pánico; se relaciona con la anticipación de peligros futuros, indefinibles e imprevisibles.
La característica más llamativa de la ansiedad es su carácter anticipatorio, es decir: posee la capacidad de prever o señalar el peligro o amenaza para el propio individuo, confiriéndole un valor funcional importante. Sin embargo, cuando la ansiedad supera los índices de normalidad en los parámetros de intensidad, frecuencia o duración, o bien, se relaciona con estímulos no amenazantes para el organismo, provoca manifestaciones patológicas en el individuo, tanto a nivel emocional como funcional. De hecho, en la actualidad, los síntomas y trastornos de ansiedad son los problemas psicológicos más prevalentes, tanto en adultos como en niños y adolescentes.
La Sensibilidad a la Ansiedad, es un constructo muy relacionado con la ansiedad, el cual hace referencia a la creencia de que experimentar sensaciones corporales asociadas con la ansiedad o el miedo, provocan consecuencias adversas o indeseables, como el desarrollo de enfermedades o el rechazo social.
En este sentido, la meditación ha adquirido una gran importancia en su vertiente de aplicación terapéutica, comenzando a ser incluida y reconocida como un componente fundamental en las terapias actuales, para reducir los estragos declaratorios de la ansiedad. Algunos autores han denominado a este tipo de terapia basada en la aceptación y control, de emociones como terapias de tercera generación.
Este tipo de proceso busca la construcción de repertorios de funcionamientos amplios, flexibles y efectivos para la persona, en lugar de procurar el intento por eliminar, ignorar o cambiar determinados eventos privados negativos, entendiendo que este intento o conjunto de estrategias abogan, por tanto, por la aceptación, el autoconocimiento y la redirección de la persona hacia sus parcelas vitales valiosas.
El primer componente es el de la autorregulación de la atención. El objetivo principal de este componente es el mantenimiento y la redirección de la atención, implicando además la conducta de selección de estímulos concretos. De este modo, se incrementa el reconocimiento de los eventos mentales en el momento presente. Los procesos que incluye son: atención sostenida; conmutación de la atención; inhibición de la elaboración de pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones. El segundo componente propuesto es la orientación hacia la experiencia. Este componente implica adoptar un tipo de relación particular hacia las propias experiencias en el momento presente, caracterizado por una actitud de curiosidad, apertura y aceptación. De este modo, se aprende a no reaccionar automáticamente a la estimulación que se esté percibiendo.










