Pablo F. Chávez Ochoa
Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
Desde apasionados murales, hasta en las vívidas aulas
¿Te imaginas a alguien que dedique su vida a plasmar y compartir arte con espíritu, para honrar la cultura y valores de su pueblo?
Pues esa es la historia de Francisco De León Ricardi, artista plástico originario de Comitán de Domínguez, una ciudad con un legado cultural e histórico prominente al sureste de México, dentro del Estado de Chiapas, quien reside actualmente en su ciudad capital, Tuxtla Gutiérrez.
Es un artista inspirador con más de 25 años de experiencia que domina diversas técnicas, quien es apreciado por el corazón de los muchos chiapanecos que han encontrado en sus trabajos una digna y estremecedora representación de diversos aspectos de la vida e historia del inigualable Estado de Chiapas, gracias a que integra en su obra la herencia cultural regional con un enfoque contemporáneo, lo que se convierte en una narrativa visual donde la riqueza natural y cultural de su tierra, es celebrada.
Recientemente, un puñado selecto de sus obras -junto a la de sus más destacados alumnos- fueron expuestas por el Instituto Tuxtleco de Arte y Cultura (ITAC) impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad, en la Casa de la Cultura ‘Luis Alaminos Guerrero’, ubicada en el centro de la ciudad, en la exhibición “Almas de Chiapas: Historias en color y vida”.
El 23 de enero tuve la gran oportunidad de visitar y disfrutar la exposición, pero sobre todo de adentrarme en el alma detrás de los coloridos trazos, de donde resalto algo que considero particularmente maravilloso: en todas las obras presentadas -que van desde magníficos y exuberantes paisajes de la imponente naturaleza chiapaneca, hasta representaciones de elementos y personas de comunidades originarias de nuestra entidad- es evidente el profundo conocimiento, amor y respeto que emanan de las obras, las cuales buscan proyectar, resonar y generar reconocimiento dentro de los espectadores acerca de los valores, identidad y raíces de Chiapas.
Coincidentemente, desde pequeño tuve la oportunidad de apreciar el arte de Francisco sin estar totalmente consciente de ello, ya que los largos muros de mi escuela primaria “Instituto Fray Víctor María Flores”, fueron lienzos de algunos de sus murales, unos de tantos que adornaban varias escuelas y locaciones públicas de la ciudad, que se identifican por su distintiva firma: “D’León”.
Ahora, tras una década de conocer y ser impactado por su obra, me doy cuenta del valor que en realidad aportan sus murales para el entorno local. Sin darme cuenta, fui parte de los miles de niños, jóvenes y adultos, que han sido influenciados con un ameno, sereno e incluso educativo impacto, tanto emocional como espiritual.
Este efecto no solo enriquece a los locales, sino que tiene un impacto con los turistas que transitan la ciudad, siendo una forma en la que pueden conocer más de nuestra historia e identidad, tan solo por pasar y apreciar uno de sus murales.
Sin duda, es grato para mi ciudad y entidad federativa natal, contar con artistas locales y orgullosos de sus raíces como De León, quienes no solo mantienen viva y a todo color la cultura de Chiapas, sino que transfiere noblemente sus conocimientos y habilidades para inspirar y guiar a futuros artistas, a quienes aconseja descubrir sus propias fortalezas y debilidades, así como encontrar su estilo único y aprender de sus errores, puesto que, al igual que él, sus alumnos sueñan con dar vida a su pasión y dedicación por el arte.










