Noroña tira por la borda la austeridad republicana, principio básico de AMLO
Gerardo Fernández Noroña tiene razón cuando cuestiona que todos se van contra él por tener una casa con un valor de 12 millones de pesos y no hacen lo mismo para cuestionar a los priistas y panistas que esconden su patrimonio en las declaraciones que hacen ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT).
Tiene también mucha razón también cuando dice que él puede hacer de su dinero lo que le venga en gana y también porque en su pasado vivió situaciones de pobreza, seguramente como las que sufren y padecen hoy en el país más de 46 millones de personas.
Lo rescatable de esta desgracia es que a tipos como Fernández Noroña la vida les sonrió y lo que ayer fue tragedia y pobreza, pero feliz, aunque no lo sabía -como suelen decir en los videos que se difunden en redes sociales, comparando la infancia sin límites y sin peligro, salvo el que pudiera generar el no tener para comer-, lo tienen hoy en los cuernos de la luna. Seguramente gracias a su abuelita, porque por lo que sabemos nunca ha hablado de que tenga madre.
Al final eso no importa, lo que es destacable es su tesón por salir adelante con su trayectoria izquierdista que dice le ha sido recompensada, creemos, en un millón por ciento pues nadie que pueda trabajar todos los días del año durante décadas, puede lograr alcanzar a tener vivitos y sonantes cantidades estratosféricas que le permitan darse lujos que algún día de niño o de joven hambriento de poder, soñó tener para saber que se siente ser si no importante y querido, si adinerado.
Y efectivamente no se habla de que tenga los millones de pesos para vivir holgadamente el resto de su vida, pero sí para disfrutar el momento y las glorias que le da ser hasta hoy el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República.
El meollo del asunto es que, en la práctica, los postulados de la Cuarta Transformación caen en la mentira en la que se le ha criticado siempre ha practicado. Desde los tiempos de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, la doctrina que se ejercía era que primero los pobres y nada de andar dilapidando dinero, ofendiendo a los que menos tienen.
De hecho, desde el sexenio pasado se “impuso” la falaz indicación de que nadie podía ganar más que el presidente de México y tanto fue el impacto en la sociedad, que, para ganar más puntos a su favor, el presidente de entonces mandó a cancelar las pensiones millonarias que se adjudicaban los ex mandatarios de México.
Una decisión que celebraron los mexicanos pues sabían que los gobernantes antes de irse se habían forrado de recursos del erario público para vivir como reyes. Entonces, porqué criticar a Fernández Noroña sí él reconoce su pobreza frailescana del pasado con el derroche del mundo moderno.
En ese sentido el senador se equivoca o intenta mandar el mensaje, aprovechándose de la ignorancia o el desdén que la gente tiene y le da, en su caso, a la política, de que lo hace va acorde con su personalidad.
Y justo en ese punto, quien sale rebasada y no se le respeta el postulado de privilegiar la austeridad republicana es a la presidenta de México, a quien el propio senador le da una cachetada con guante blanco al salir a gritar ante los medios de comunicación que no tiene por qué ser austero, pues mucho le costó salir adelante, tras un pasado tenebroso de pobreza y de juntarse con los de abajo.
Tener una casa de 12 millones de pesos no tiene nada de malo, insistimos, el problema es que ahora a todos ya se les olvidó que hay que respetar a los que menos tienen dándose lujos que no van con la situación que vive México.
Los funcionarios tienen camionetas de lujo, blindadas ante la violencia que impera en el país. El caso de Fernández Noroña, no es primero que se abunda en esas circunstancias, pero cae en la mentira cuando dice que la rentaba desde hace cuatro años y desde noviembre ya la está pagando tras comprarla.
Significa ello que de noviembre cuando empezó a pagarla a este agosto, son nueve meses que, si se multiplican por 150 mil pesos por mes de sueldo, lleva un millón 350 mil pesos abonando. De ser así, tiene que sacar sus ahorros de cuando le empezó a ir bien económicamente hablando, para poder seguir dándose esa vida de lujos que cualquier mortal mexicano le envidia.
Como se dice popularmente, será el sereno, pero a Fernández Noroña la austeridad le vale un soberano cacahuate y tan tiene razón que ayer en la mañanera la presidenta Claudia Sheinbaum se equivoca u olvida los principios por los que se rigen, por lo menos en papel, que no le da importancia al valor de la casa y concluye que los adversarios hacen un escándalo con Noroña. Así las cosas.










