La complicada postura ante el conflicto de Palestina-Israel

EDITORIAL

Sin duda las noticias desoladoras sobre el conflicto entre Israel y Palestina, ha generado división en el mundo; por una parte celebridades de la farándula y el deporte han tomado partido en favor de la nación palestina, denunciando en foros los crímenes que se han perpetrado en Gaza; además, varias naciones afiliadas a la ONU han reconocido a Palestina como estado, de esta manera siendo solidarios ante el conflicto, y en algunos casos, muchos países cortaron relaciones diplomáticas y comerciales con Israel, tal y como lo hizo España recientemente.

Además, universidades, sindicatos y gremios importantes se han sumado al boicot contra Israel, generando protestas o campañas de no consumo a empresas que financian ese “genocidio”; asimismo, se han emprendido acciones que afectan directamente al conflicto: la ayuda humanitaria, misma que ha sido interceptada por Fuerzas Armadas de Israel; en ciertas aduanas se han registrado decomisos o retenciones de las mismas, para retrasar al enemigo o que los países den asilo a los refugiados palestinos.

En este último caso, México sobresale, siendo desde el siglo XX un país amistoso y de brazos abiertos con los refugiados, tal y como lo demostró con los exiliados españoles en los años 30, los refugiados del Holocausto o los líbanos que se establecieron en nuestro país. De hecho, México en pleno siglo XXI sigue abonando al tema de la diplomacia internacional y la solidaridad con los demás pueblos del mundo.

Para ello, hay que destacar la postura que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum ha asumido ante este conflicto; previamente, es preciso recapitular lo que ya hemos abordo en estas líneas, la gran capacidad de la mandataria para ser conciliadora, mediadora y hasta de embajadora de la paz en estos últimos foros internacionales, destacando el peso histórico que tiene la nación mexicana en la diplomacia, siendo la Doctrina Estrada su sello más distintivo.

Retomando la postura de la presidenta en este conflicto, el pasado lunes reconoció públicamente a Palestina como estado y en sus palabras también reprobó los crímenes cometidos en contra de esa nación, condenando el conflicto armado que tantas vidas inocentes han costado. Esto resulta positivo, ya que México no se mostró tibio ni tampoco afectó sus relaciones con Israel, el cual ha sido un socio importante del país.

Esta posición la reconoció la propia embajadora de Palestina en México, Nadya Rasheed, misma que en un evento sindical de la Ciudad de México, congratuló a la mandataria por esa posición y los ahí presentes se mostraron beneplácitos en apoyar a la nación palestina.

Un punto a considerar en este entramado diplomático, y fue motivo de críticas para Claudia Sheinbaum, fue su origen judío, que en más de una ocasión ya sea como jefa capitalina, en la campaña y ahora en la presidencia, ha despertado el antisemitismo de muchos mexicanos, principalmente los mochos católicos, quienes convenientemente salieron defensores de los palestinos. Bajo esto, durante meses se le cuestionó a la mandataria sobre su postura en el conflicto, generando precisamente malas especulaciones de que no se asumiría y se mantendría neutral.

Claro, se ha mantenido neutral, no sin antes reconocer lo que está mal; desde luego, su postura no es fácil, ya que Israel, aunque parezca incomodo ha sido uno de los socios comerciales más importantes de México en más de medio siglo y ambos países cuentan con una larga relación de amistad y fraternidad; entonces, la posición tanto para la presidenta como el país no es tan fácil como creen.

Ahora bien, este conflicto sin duda ha generado que se asuman posturas morales: quienes condenan la invasión israelí se asumen con una superioridad moral, aunque en la práctica sigan siendo “come santos y…”; también, están los que son omisos y tibios ante Israel, mismos que se les condena aún peor que a los que son Pro Israel.

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