EL HIPSTERBÓREO
Luis Fernando Bolaños Gordillo
El movimiento woke surgió para denunciar al racismo y a las desigualdades generadas por el capitalismo; invitó a los jóvenes y a las organizaciones a estar despiertos y tomar conciencia de las problemáticas de los grupos vulnerables provocadas por un sistema que violenta los derechos fundamentales. Ese despertar acogido por las izquierdas progresistas tuvo influencia del multiculturalismo europeo y de algunos filósofos posmodernos.
Este pensamiento inspiró diversos movimientos en varios países que expusieron los claroscuros del neoliberalismo y de la ideología de derecha; denunció la censura, la alienación mediática, las agresiones policiales, la segregación, el ejercicio indebido de la justicia, la violencia de género, la homofobia, la pederastia, los efectos de las crisis económicas, la decadencia de los sistemas educativos, las violaciones a los derechos humanos, entre otros problemas globales.
Su devenir histórico, señalado por la derecha como promotor de discursos de odio, fue marcado por movimientos anticapitalistas autonómicos atomizados en determinadas situaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Para algunos politólogos lo woke era solo un enfoque analítico y para otros una ideología de gran alcance simpatizante de la izquierda que pretendió descolonizar a la sociedad de una clase política y empresarial corrupta.
Sus postulados tuvieron influencias del marxismo ortodoxo e incorporaron a los movimientos experiencias emanadas de la lucha de clases en distintos momentos; su objetivo era constituir a los jóvenes como sujetos políticos revolucionarios. Estar despierto implicó reconsiderar colectivamente las tensiones políticas y económicas derivadas de una estratificación social burguesa e impulsar una identidad consciente de la experiencia histórica.
El pensamiento de izquierda y la cultura woke caminaron juntas desde mediados del siglo pasado, pero la primera ya no es la misma, porque actualmente constituye un sistema que gobierna en varios países. El devenir de este siglo muestra que ese despertar ya no es un aliado, el pensamiento crítico se convirtió en un enemigo de una izquierda aburguesada que olvidó responder a las demandas por las que luchó por lustros.
Con base en lo anterior es necesario cuestionar si, ahora que detenta el poder, el pensamiento de izquierda sigue en pie de lucha con ese despertar o, por el contrario, está reproduciendo las mismas estrategias políticas y económicas del neoliberalismo. ¿Qué tan abiertos y tolerantes son los gobiernos de izquierda hacia una cultura que le está haciendo ver sus sesgos, contradicciones, jerarquías y corrupción?
Las izquierdas siguen sin responder a los nuevos desafíos políticos y geopolíticos, porque adolecen de autocrítica; acusan al movimiento woke de tener una inflexión, de traicionar los ideales marxistas y de sumarse al pensamiento neoliberal. Queda claro que fueron las izquierdas quienes trazaron un camino distinto y olvidaron estar despiertas; se escudaron en un esencialismo que no tiene imaginación, como apuntó Mark Fisher, para hacer cosas distintas al neoliberalismo.
Las críticas recibidas, lejos de ser acogidas para desarrollar plataformas políticas sólidas, provocan quiebres y tensiones que tienen consecuencias graves para la sociedad. Es común que las izquierdas responsabilicen a quienes luchan por los derechos humanos de reproducir patrones neoliberales. En su desesperación, las izquierdas insisten en que el auténtico woke desapareció al ser sustraído por la extrema derecha.
Diversos intelectuales -a modo probablemente- acusan al movimiento woke de ser arbitrario, señalan que perdieron de vista al sujeto político-histórico concreto y que su filosofía ya no es coherente ante los retos actuales. En sus análisis destacan que lo woke es un significante que fue vaciándose de contenidos y que actualmente opera como un instrumento de las extremas derechas para manchar a los gobiernos de izquierda.
La debacle de las izquierdas no fue provocada por el movimiento woke, fueron éstas las que consolidaron una nueva burguesía como la que prevalece en México; dejaron atrás la lucha de clases para sumarse a estrategias económicas que siguen obedeciendo a los mismos esquemas impuestos por el capitalismo. El movimiento woke sigue exponiendo los claroscuros de una izquierda colonialista que usa estrategias tecnopopulistas para seguir ganando adeptos.
Hay artículos que intentan deslindar a las izquierdas del movimiento woke, argumentando que nunca caminaron juntas; pero la experiencia muestra que sin el pensamiento crítico el posneoliberalismo es imposible. Para las izquierdas ese despertar fue efímero, se durmieron de nueva cuenta, y lejos de tener dulces sueños, tienen pesadillas donde la maldad sigue encarnada por los pregoneros de la burguesía y el libre mercado.










