La violencia de género y la misoginia, también en las instancias culturales
No es una novedad el lenguaje soez y vulgar del director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II; cuando recién asumió el cargo en 2018, donde se le cuestionó su nacionalidad española, lo que orilló a la entonces administración a que cambiaran ciertos estatus para que este pudiera asumir la dirección de dicha estancia cultural, este respondió a sus supuestos detractores “se las metimos doblada”, frase que fue señalada de machista y que perpetua la violencia de género, según lo expresado por colectivos feministas en esos años.
Claro, sus declaraciones al frente de prestigiosa institución cultural durante estas dos administraciones han levantado ampollas, cuestionando el hecho de que este personaje lleve las riendas editoriales de México y de países hispanoparlantes.
No obstante, en la mañana del jueves 23 de octubre, donde se anunció la presentación de una importante colección editorial por parte del Fondo de Cultura Económica, sus declaraciones sí encendieron las redes y ponen en entredicho la viabilidad de que un personaje tan controversial dirija dicha instancia.
En este sentido, declaró que no hará caso a la cuota de género para publicar obras de escritoras mujeres que, según sus criterios, resultan “malas”; posteriormente, la propia presidenta, contradijo lo dicho, manifestando que sí se publicarían a mujeres.
De todas las declaraciones, esta resulta ofensiva, penosa y demuestra no sólo falta de empatía hacia el trabajo de las creadoras mexicanas, sino ignorancia, contraviniendo esa pose de intelectual de “izquierda” que desprecia a la academia.
Como bien repasamos en el editorial acerca de la posible nominación de Cristina Rivera Garza al Premio Nobel de Literatura, las academias y colegios han sido peyorativos y despectivos con las obras escritas por mujeres; basando su criterio en que sus obras apelan a la cursilería y no a la calidad; de hecho, como señalaron varias usuarias en las redes sociales, hay muchos escritores y poetas consagrados que muchos de sus libros resultan cursis y de muy mala calidad, tomando en cuenta que hoy en día bajo esos criterios de lo “políticamente correcto” serían censurados.
Prueba de ello, es el libro “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, de Pablo Neruda, que cuando se indaga en el asunto creativo, resulta abominable bajo qué circunstancias se escribió; o los mismos autores del boom latinoamericano, que en sus personajes son hombres maduros misóginos que se aprovechan de menores de edad.
Precisamente, una obra que ha causado revuelo en este año, es el libro de Evelina Gil. “Las calladas del boom”, que, bajo una ardua investigación, la autora describe sin escatimar nada los aspectos personales y literarios que las consolidaron en el canon, sin sacralizar ni ponerlas en un altar, sino mostrando cual fue su aporte.
Ahora bien, que el director del Fondo de Cultura señale que no hay autoras mujeres de buena calidad, muestra sus sesgos y su total ignorancia respecto al campo literario mexicano y latinoamericano ¿Acaso se le olvida qué las mujeres son quienes están encabezando las nuevas generaciones literarias? ¿O no ha dimensionado que ellas están marcando el canon?
Por otro lado, es falaz remitir que en México no se han producido grandes autoras mexicanas, tal es el caso de Elena Garro, que, bajo el yugo de su exmarido, Octavio Paz, fue capaz de establecer los temas y estilo que los autores varones del boom señalarían como suyo.
O en el caso particular de Rosario Castellanos, se le olvida que ella marcó una época no sólo para las mujeres, sino para la literatura hispanoparlante.
Lo cierto es que la postura de este escritor español encumbrado en el gobierno mexicano, desacreditó con sus despreciables comentarios, el impulso que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, le quiere dar a su llegada al poder con las mujeres por delante.
La presidenta con A, desde el mismo Palacio Federal, fue atacada en su política de protección hacia las mujeres, por este sujeto que se dice intelectual, pero que como muchos de los que están como servidores públicos, no entienden que mejor deberían quedarse callados, porque los suyo no es hacer buen uso del micrófono. Como bien dicen en el argot popular: “no me ayudes compadre”.










