Gastos funerarios, un tabú financiero

Actualmente, la tendencia en la mayoría de las funerarias es ofrecer una segmentación que se adapta a los bolsillos

Marco Alvarado / Diario de Chiapas

Aunque la muerte es el único evento del que nadie puede escapar, paradójicamente, los gastos que conllevan suelen ser los menos previstos.

En Chiapas, la adquisición de un plan o seguro funerario continúa sin ser la norma, lo que obliga a las familias a realizar desembolsos económicos inesperados y considerables en momentos de profundo dolor.

El desinterés, la postergación o, incluso, la superstición, han creado un “tabú financiero” que golpea el bolsillo chiapaneco.

De acuerdo con datos promedio del sector, un sencillo funerario, que incluye velación y un féretro básico para entierro, y que a menudo se realiza en casa, puede tener un costo inicial de 10 mil pesos. Este monto no incluye el espacio de sepultura final.

Las opciones funerarias se segmentan en paquetes que van desde lo más elemental hasta el lujo, haciendo que los costos se disparen según las preferencias de la familia.

Detalles como un tipo de madera especial para el ataúd, un paquete completo de cremación, o un ambiente específico para el velatorio, pueden tener costos que superan los 100 mil pesos.

“Se trata de pagos que, lamentablemente, no se reciben en el más allá, así que prever es importante”, señaló Ana Sofía Trejo Corzo, representante de una empresa funeraria.

Trejo Corzo hizo un llamado a las familias a dejar de aplazar la decisión, asegurando que existe flexibilidad en el sector.

“Es posible adaptarnos a la capacidad económica de la familia. Para ello es importante que acudan, que revisen las opciones que se les ofrece, y seguramente podrán encontrar una que se acomode a sus capacidades económicas”, comentó.

Actualmente, la tendencia en la mayoría de las funerarias es ofrecer una segmentación por paquetes, donde el material del ataúd es uno de los factores más influyentes.

Desde hace algunos años, ha crecido el número de personas que optan por adquirir un paquete de previsión a tiempo, pagándolo en parcialidades para evitar dejar problemas financieros.

Sin embargo, persiste en el imaginario colectivo la idea de que es mejor aplazar esta compra para no “acelerar la llegada del inevitable último día”, una creencia que, al final, termina por añadir una carga económica al dolor de la pérdida.

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