El colmo de los colmos
A Gerardo Fernández Noroña le gusta estar en la boca de todos. Es un apasionado de las redes sociales y, como tal, sabe que los comentarios que hagan de él, buenos o malos, siempre serán motivo de análisis y, al final, si el propósito es mantenerse vigente, pues qué más da que llegue a hacerse odiar.
La famosa frase futbolera “ódiame más” parece que él la practica a la perfección. Este jueves fue noticia nacional —y más allá de las fronteras— luego de que un grupo de alumnos lo sacara de sus casillas, lo cual no cuesta mucho por lo que se vio, para finalmente correrlo de la conferencia que impartía en la Universidad de Guanajuato.
¿Qué esperaba el senador amante de los reflectores? ¿Que en una tierra panista por muchos años lo recibieran con flores y besos? De entrada, no se descartaba que le fueran a reventar su charla, como él mismo dijo que ocurrió durante el encuentro con los estudiantes.
A Fernández Noroña, el jueves se la aplicaron, y el escándalo mediático se suma a la veintena que ya tiene en su haber, sólo por querer figurar en sus pleitos contra panistas y priistas, sin descartar a ciudadanos que, como los estudiantes, están cansados de la faramalla que protagoniza.
Todo iba bien en su charla, en la que la convocatoria —según las imágenes difundidas en redes— mostraba un salón lleno. Sin embargo, la petición de permitir preguntas antes de concluir su participación encendió los ánimos.
Enseguida se vio a un senador con una actitud retadora que rayaba en lo patético; después vino su perorata, repitiendo monosílabos hasta el cansancio para evitar dar interlocución al auditorio.
“No voy a oír porque ustedes no están respetando”, fue lo primero que gritó al micrófono y, como respuesta, el coro de “¡fuera!, ¡fuera!, ¡fuera!” resonaba en el salón. Los gritos y el desorden que prevalecieron por cerca de diez minutos se mezclaban con las frases ofensivas que lanzaba el legislador.
Los ánimos se crisparon aún más cuando, en su defensa, criticó al grupo de jóvenes por actuar —según él— como su archienemiga política, la senadora Lilly Téllez. Señaló que se comportaban igual que ella, interrumpiendo al orador, como ocurre cuando él hace uso de la tribuna en el Congreso de la Unión.
Fernández Noroña dijo que fueron porros y reventadores quienes llegaron a boicotear la conferencia, y les recomendó leer el reciente libro de la presidenta de México, donde —según él— se explica cómo ha avanzado el país. Un comentario fuera de contexto que balbuceaba sin control, con tal de evitar que los jóvenes lo interrumpieran.
No cabe duda de que al senador le hacen falta reflectores, porque desde que dejó la presidencia del Senado de la República hace hasta lo imposible por llamar la atención. Tras el sonado escándalo por la compra de una casa de 12 millones de pesos en Tepoztlán, Morelos, ubicada en una reserva ecológica, al legislador se le ocurrió montar una novela sobre su viaje a Palestina.
Es tan “inteligente” que, con estos dramas de telenovela, ya hasta se piensa que él mismo pudo haber infiltrado a los porros para montar su show. Sea como sea, al senador el tiro le sale por la culata, porque en lugar de que se hable bien de él o se le vea como víctima en este reciente episodio, recuerda a los mexicanos que los números en la adquisición de su mansión —esa que dice haber pagado con su salario y las ganancias de su canal de YouTube— simplemente no cuadran.
El sospechosismo lo vuelve vulnerable; además, refresca la memoria de la gente al recordarle que es de los pocos legisladores que aprovecha su condición de “plebeyo” para hacer eco de sus placeres mundanos, como viajar en aviones privados para sus giras políticas o presumir su Volvo como “carro de la austeridad”.
Lo cierto es que Fernández Noroña vuelve a conseguir lo que quiere: que se siga hablando de él. Muchos lo idolatran y otros tantos le dicen hasta de lo que se va a morir. En suma, es un personaje útil para distraer la atención de los problemas del país, pero no le alcanza para sumar adeptos, sino para dividir. Y eso, a la larga, podrían ser momios negativos para la Cuarta Transformación.









