El EZLN a 31 años del levantamiento armado: ¿sirvió de algo?
El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) ha anunciado una serie de actividades para conmemorar el levantamiento “armado” del 1 de enero de 1994 en Chiapas, teniendo como sede principal la ciudad de San Cristóbal de Las Casas.
El hartazgo, la pobreza, las profundas desigualdades y la marginación que vivían los pueblos indígenas fueron los argumentos centrales de un movimiento gestado años atrás, que sacudió a México y al mundo en los primeros minutos del Año Nuevo de aquel 1994.
Aquel alzamiento fue un acto simbólico de rechazo al modelo neoliberal y a la globalización, que los zapatistas consideraban perjudicial para las comunidades campesinas e indígenas. Hoy, tres décadas después, el gobierno en turno ha hecho de ese discurso contra el neoliberalismo su principal bandera, afirmando que dicho modelo frenó el desarrollo del país.
Como hace 31 años, volverá a aparecer el ahora llamado Subcomandante Galeano, antes Subcomandante Marcos, un hombre originario de Tamaulipas que supo articular la causa indígena con un rostro retador, denunciando el olvido gubernamental hacia las luchas sociales que dan identidad y esencia a la diversidad cultural de México.
Sin embargo, el paso del tiempo ha demostrado que el levantamiento “armado” terminó pareciéndose a la vieja política del PRI —y hoy replicada por sus viejos militantes integrados a Morena, PAN o PRD—: mucho ruido, muchas promesas y, al final, muy pocos resultados. Incluso podría decirse que la situación ha empeorado.
¿Por qué esta afirmación? Porque, a pesar de la fuerza simbólica del movimiento, las comunidades indígenas continúan en condiciones muy similares: el rezago social y educativo persiste, la justicia no avanza y las demandas históricas siguen encajonadas.
La aparición de miles de hombres y mujeres encapuchados para enarbolar una causa justa tuvo, al menos, un impacto: exigir respeto. Pero ese respeto ha sido parcial. No se ha traducido en verdadero progreso ni en una mejor relación entre el EZLN y las comunidades que decía representar.
Peor aún: en nombre de los usos y costumbres, algunos pueblos han llegado a sobrepasarse, aplicando justicia por propia mano. No son pocos los casos en los que esa cerrazón ha derivado en abusos y en la muerte de personas inocentes.
Del 26 al 31 de diciembre, el EZLN realizará un encuentro de siete días en San Cristóbal de Las Casas, anunciando la presencia física del otrora Subcomandante Marcos. No es sorpresa: cada año se celebra un festín alrededor del levantamiento, y cada año la información se reproduce a nivel nacional e internacional. Lo curioso es que, para muchos chiapanecos, este acontecimiento ya no tiene mayor relevancia. Quizá porque han entendido que aquel levantamiento fue, más que una revolución, una operación relámpago cuyas secuelas mediáticas siguen vigentes solo como recordatorio de que el gobierno nunca respondió plenamente a las demandas de los pueblos originarios.
A San Cristóbal llegarán visitantes de varias partes de México y del mundo. La ciudad volverá a colocarse bajo los reflectores como ese destino colonial que, por unos días, parece dejar atrás problemas recientes para revivir los tiempos en que fue vitrina global del zapatismo.
A 31 años, aún hay personas en México —y más en el extranjero— que creen que en Chiapas existe una guerrilla activa encabezada por el EZLN. Ni siquiera las redes sociales han logrado disipar del todo esa percepción. La realidad es otra: Chiapas avanza, aunque lentamente, y el zapatismo se ha ido diluyendo, recuperando notoriedad únicamente a finales de cada año, en vísperas de su tradicional encuentro.
Tres décadas después, el despojo de tierras, predios, ganado y enseres ocurrido durante los primeros meses del conflicto permanece sin resolverse. Los propietarios que aún viven deambulan entre los municipios de la zona norte esperando que, algún día, se les devuelvan las tierras que perdieron y que antes mantenían productivas. Hoy, muchas de esas tierras permanecen ociosas.
Fueron doce días de tensión máxima en Chiapas aquel enero de 1994. En su momento, se creyó que se abría la puerta hacia un mejor desarrollo. Sin embargo, ese desarrollo sigue estancado. Habrá que ver ahora cuál será el posicionamiento del Subcomandante Marcos, qué opina del gobierno de la Cuarta Transformación y qué plantea para que los pueblos indígenas puedan, por fin, salir del hartazgo en el que permanecen.










