La satisfacción en la era de la inteligencia artificial

La satisfacción en la era de la inteligencia artificial

El Hipsterbóreo

Luis Fernando Bolaños Gordillo

¿Qué ha cambiado en la vivencia que se tiene de la satisfacción derivado del empuje tecnológico y de la cada vez mayor dependencia hacia los dispositivos móviles en un mundo hiperconectado? Mucho se ha debatido sobre si la satisfacción es fruto del consumismo exacerbado o una expresión no materialista emanada de las motivaciones internas.

Si repasamos nuestro devenir histórico notaremos que el capitalismo ha impuesto en diversas épocas a través de la publicidad y la mercadotecnia un sentido de desarrollo, bienestar y satisfacción relacionados con la adquisición de todo tipo de aparatos o dispositivos que son legitimados socialmente como estandartes de la modernización.

Adquirir televisiones, video juegos, automóviles, ropa, electrodomésticos, teléfonos móviles e infinidad de cosas, provocan un materialismo que minimiza e invisibiliza a las manifestaciones más auténticas de la condición humana. Los avances tecnológicos son asociados a una satisfacción que se enraíza en lo más profundo de nuestra subjetividad: somos una sociedad consumista.

El capitalismo de tercer orden ha logrado que los ciudadanos relacionen la satisfacción con los logros materiales; por el contrario, muchas culturas asiáticas equiparan esta sensación con la armonía social, la moderación, la profundidad en las relaciones personales y, sobre todo, los momentos de calma y relajación.

En el mundo occidental el desarrollo de las inteligencias artificiales se cimienta con la imposición de visiones tecno-optimistas que promueven que la tecnología lo es todo; este entramado se yergue como un mundo de soluciones innovadoras en pro de garantizar la satisfacción en ámbitos como la productividad laboral, los modos de educar o de entretenerse.

Dejemos de lado esos beneficios laborales o educativos que forman parte de las promesas meritocráticas capitalistas, y pongamos atención en el impacto de las inteligencias artificiales en el sentido otorgado a la satisfacción. El sistema y sus instituciones la han promovido como un sentimiento pasajero emanado del consumo de determinados artefactos.

Esa sensación es asociada a la vigencia del aparato o dispositivo adquirido y siempre hay de por medio un pensamiento futurista que promueve que tener el teléfono móvil más novedoso, por ejemplo, garantizará beneficios personales, educativos, laborales o materiales. Las IA aglutinan información infinita sobre las motivaciones humanas; la satisfacción es una mercancía más.

La Inteligencia Artificial influye en el sentido de satisfacción humana al actuar como un potenciador de eficiencia y personalización en la vida diaria y laboral, generando una sensación de mayor control y logro. Ante esto, surgen interrogantes sobre si la IA mejora nuestro bienestar automatizando las tareas cotidianas y liberando, en teoría, tiempo para actividades más significativas; por ello hay que cuestionar si su prevalencia disminuye nuestro sentido de conexión al digitalizar todas las expresiones de nuestra subjetividad.

Al ser instituida como facilitadora de información o fomentar ambientes idóneos de aprendizaje, la IA aparentemente mejora la toma de decisiones y ayuda a los usuarios a lograr sus metas, pero lo que no se ha analizado ha fondo es el colonialismo digital que trae de por medio. En este sentido, la satisfacción es una trampa para adentrarse cada vez más en ese mundo.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *