Ni patriarcado ni matriarcado: la dualidad como nuevo horizonte para Chiapas

 Ni patriarcado ni matriarcado: la dualidad como nuevo horizonte para Chiapas

Gustavo Adolfo Candela Arguello

Chiapas vive un momento en el que vale la pena preguntarnos si la democracia que hemos construido durante generaciones es suficiente para responder a la sociedad que somos hoy.

Hablar de dualidad de género como una forma de gobernanza social y política no significa abandonar el sistema republicano ni sustituir sus instituciones. Significa, por el contrario, preguntarnos cómo podemos fortalecer nuestra democracia a partir de una realidad que durante mucho tiempo estuvo presente en la vida cotidiana, pero que no siempre fue reconocida en los espacios formales del poder: la participación de las mujeres junto con los hombres en la conducción de la sociedad.

Durante mucho tiempo, el ejercicio de la autoridad estuvo asociado principalmente con una visión patriarcal. Sin embargo, la historia de Chiapas también está llena de mujeres que, sin ocupar cargos públicos, ejercieron una verdadera función de liderazgo y gobernanza dentro de sus familias, comunidades y entornos sociales.

Fueron mujeres que tomaron decisiones, sostuvieron hogares, educaron generaciones, enfrentaron crisis, resolvieron conflictos y contribuyeron al desarrollo de sus comunidades. Lo hicieron muchas veces sin reconocimiento público, sin un nombramiento y sin que la sociedad las identificara formalmente como protagonistas de la vida política.

Hoy esa realidad comienza a cambiar.

El reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres y su creciente presencia en los espacios de decisión representa uno de los avances democráticos más importantes de nuestro tiempo. El contexto histórico que vivimos, incluido el liderazgo de nuestra señora Presidenta, nos obliga a mirar de otra manera la participación de las mujeres en la vida pública y a reconocer que su capacidad de gobernar nunca estuvo ausente; lo que estuvo ausente, en muchos casos, fue el reconocimiento institucional.

Pero hay algo todavía más profundo que debemos plantearnos.

¿Debemos pasar simplemente de una sociedad patriarcal a una sociedad matriarcal?

Considero que no.

El verdadero avance democrático debería llevarnos más allá de cualquier modelo de dominación de un género sobre otro. Ni patriarcado ni matriarcado. Lo que Chiapas necesita es una dualidad basada en la corresponsabilidad.

La dualidad no debe entenderse como una lucha por el poder entre hombres y mujeres, sino como el reconocimiento de que ambos forman parte esencial de la construcción social. En la familia, en la comunidad, en las instituciones y en el gobierno, la participación equilibrada puede convertirse en una expresión más profunda de democracia.

Esta reflexión adquiere especial importancia porque la primera escuela de gobernanza es la familia.

Es ahí donde aprendemos a dialogar, decidir, asumir responsabilidades y resolver diferencias. Si queremos una sociedad democrática, debemos comenzar por construir relaciones familiares donde no exista la imposición de un género sobre el otro, sino el respeto, la colaboración y la responsabilidad compartida.

Una familia no necesita un patriarca ni una matriarca para funcionar. Necesita personas capaces de escucharse, reconocerse y tomar decisiones pensando en el bien común.

Esa misma lógica puede trasladarse a la vida pública.

Una democracia verdaderamente participativa no debería preguntar quién tiene más poder, sino cómo podemos compartir mejor la responsabilidad de gobernar.

Por eso, el reconocimiento constitucional y legal de la igualdad entre mujeres y hombres puede representar mucho más que una disposición jurídica. Puede convertirse en el fundamento de una nueva cultura política para Chiapas, siempre que la igualdad deje de ser solamente una palabra y se convierta en una práctica cotidiana.

La democracia chiapaneca tiene ante sí una oportunidad histórica: reconocer la fuerza de aquellas mujeres que durante generaciones gobernaron desde el hogar y desde la comunidad sin recibir un cargo ni un reconocimiento público; reconocer también la responsabilidad de los hombres en esta transformación; y construir entre ambos una nueva visión de sociedad.

La dualidad de género, entendida desde la igualdad y la corresponsabilidad, puede ser una expresión de esa evolución.

No se trata de que las mujeres gobiernen contra los hombres, ni de que los hombres gobiernen sobre las mujeres… Se trata de gobernar juntos.

Porque Chiapas no necesita una sociedad dividida entre vencedores y vencidos por razón de género. Necesita una sociedad donde las capacidades de cada persona sean reconocidas y donde el poder público tenga como finalidad el bienestar colectivo.

Una sociedad donde la igualdad sea principio, la corresponsabilidad sea práctica y la dignidad sea el fundamento.

Ni patriarcado ni matriarcado: dualidad, corresponsabilidad y democracia para el bien de Chiapas.

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