Fauna y flora no endémicas afectan al medio ambiente

Uno de los proyectos vendehúmos del sabinismo, incluyendo la falsa utopía de “los desarrollos del mileno”, que afectaron considerablemente al medio ambiente, fue el proyecto fantoche del biodiesel, que prometía generar un combustible alternativo para supuestamente no afectar a la madre naturaleza.

No obstante, el proyecto que, de por sí fue un “elefante blanco”, trajo consigo un problema que ya se venía gestando desde finales del siglo XX en Tuxtla Gutiérrez y Chiapas: la introducción de flora exótica; en este caso, para producir dicho combustible se trajo y posteriormente se cultivó la palma africana, dicha especie generó estragos en la tierra, erosionándola y provocando sequías, ya que su mantenimiento, resultó más perjudicial que la supuesta solución al rescate del medio ambiente.

Al parecer el sabinismo puso en marcha muchos de los cimientos del “greenwashing”, siendo el biodiesel su mayor exponente; ahora bien, abordando esa problemática, de hacer pasar proyectos ecocidas por ecoamigables, nos lleva a las fallidas campañas de reforestación, que en vez de ayudar a recuperar el medio ambiente, terminan generando mayores problemas: esto queda de manifiesto cuando en esas campañas se introducen plantas que no son nativas, por eso muchos especialistas han advertido que cuando se realicen reforestaciones se debe priorizar a las especies nativas, para que el proceso sea viable.

Este caso no fue el primero donde la fauna no nativa afectó a la memoria de la tierra y perjudicó al PH del suelo; de hecho, Tuxtla Gutiérrez al entrar en la modernidad y embellecer el espacio público, introdujo plantas no nativas, que ante el paisaje resultaron ornamentas muy perjudiciales: el flamboyán y el tulipán de la India.

Ambas plantas ya han generado estragos y afectaciones; en el caso del flamboyán, al no ser parte de la memoria terrestre, su resistencia y fragilidad en temporada de lluvias, resulta en un gran problema, ya que sus raíces al ser frágiles, suelen generar daños a los peatones y al inmueble, asimismo, no permiten que la flora local florezca o se desarrolle.

En lo concerniente al tulipán de la India, esta planta es un veneno para insectos polinizadores, en especial las hormigas y abejas, que son fundamentales para el equilibrio del ecosistema; precisamente, la planta de origen africana, en su ambiente natural, las especies de insectos han desarrollado mecanismos biológicos para poder polinizar.

Otro gran problema con las especies de flora no nativas, es que suelen afectar a la infraestructura; a simple vista su presencia resulta estética, con el pasar del tiempo erosionan la tierra, rompen el concreto o asfalto, generan rupturas en las tuberías o cableados subterráneos; además, en temporada de vientos o lluvias, suelen caerse, ya que su suelo no es el más apto.

El problema de estas invasiones nocivas al ecosistema no termina ahí, la introducción de especies de animales exóticas y la proliferación de fauna feral ponen en riesgo la cadena alimenticia, eso sin tener en cuenta que han agravado la desaparición de especies que ya están consideradas en peligro de extinción.

La presencia del “pez diablo” en el Cañón del Sumidero ha puesto en peligro a especies de peces, aves y reptiles; este ejemplar proveniente del Amazonas, al no tener un depredador natural, alteró por completo; si bien los cocodrilos lo están depredando, este ejemplar no resulta ser un alimento viable, lo que ha permitido su proliferación tan acelerada.

Respecto a la fauna feral, aquellas especies que fueron domesticadas por el ser humano, cuando entran en contacto con especies silvestres, alteran el ecosistema ¿Por qué creen que las reservas o parques ya no admiten mascotas? Precisamente, porque su presencia altera a las especies y al desaparecer suelen alterar el ciclo alimenticio; de hecho, existe un amplio debate entre los defensores de los animales, ya que un animal como perros o gatos, principalmente, cuando entran en contacto con la naturaleza, su presencia es nociva, por ello es común que muchos ambientalistas suelen matarlos, para que no perjudiquen a las especies endémicas.

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