El tejido social ha normalizado las violencias
La figura del maestro o docente dentro de la sociedad mexicana, al menos hasta los últimos años, era considerado una figura de autoridad y respeto; claro, muchas veces estos ejercían castigos que hoy en día serían cuestionables y forman parte del círculo vicioso de violencias; no obstante, al maestro o maestra, se la asociaba como esa instancia moral y ética que padres de familia e infancias debían respetar.
En la actualidad, el propio gremio de maestros has cuestionado el deterioro del tejido social, siendo que las leyes y normativas muchas veces deja en la total indefensión al maestro, sobre todo cuando se presenta un siniestro o accidente, siendo desafortunadamente, los docentes quienes pagan las consecuencias jurídicas y el escarnio de la sociedad.
Precisamente, el avance del hampa en la juventud y la deshumanización que ha propiciado las redes sociales y las demás plataformas, han suscitado hechos lamentables.
El asesinato de dos maestras en el municipio de Lázaro Cárdenas, Michoacán, deja en claro la indefensión y la fragilidad del tejido social. Este caso fue muy comentado por aquellos que ejercen la docencia, quienes cuestionaron las condiciones actuales, tanto laborales, jurídicas y de seguridad, si es pertinente ejercer la docencia.
Tatiana Bedolla y María del Rosario Sagrero, nombres de las dos docentes que fueron asesinadas por un adolescente de preparatoria, de acuerdo a testigos, no eran las víctimas, al contrario, estas trataron de evitar una desgracia peor, conteniendo a este joven, que según reportes policiales, se identificó como un “incel”.
Respecto al florecimiento de los denominados “incels”, como lo hemos abordado en estas páginas, ya es un cultivo de odio en las comunidades y foros de videojuegos y redes sociales, donde las masculinidades tóxicas y nocivas, ante la reivindicación de las mujeres, están promoviendo estilos y conductas que ya tienen consecuencias.
Además, estos hechos relacionados a la comunidad “incel” ya no se quedaron en Estados Unidos y Europa, ya trastocaron México y Latinoamérica, siendo muchos de los hechos violentos como tiroteos o feminicidios, el “modus operandi” de estos. En este sentido, los tiroteos en secundarios y el fácil acceso a las armas, ya no se quedaron como un hecho más de la comunidad estadounidense, al parecer, con la inmersión del crimen organizado y su influencia en las tendencias de las infancias y adolescencias, estos hechos lamentables serán el pan de cada día, más allá si se relacionan a otros patrones dañinos.
Claro, en la descomposición del tejido social, también influyen esos denominados influencers”, tal es el caso del “Temach”, mismo que ha sido “inspiración” de quienes se identifican como “incels”. Entonces ¿Qué debe hacer la sociedad para que estos contenidos no se conviertan en la pólvora de hechos violentos?
No hay una respuesta claro, ni siquiera en afirmar lo intrínseco que son los valores familiares, ya que estos por cuestiones de temporalidad y nuevas tendencias cambiaron drásticamente, sumado a que la “modernidad líquida” nos ha hecho menos empáticos.
Otro punto a considerar, es la facilidad en que los infancias y adolescencias pueden acceder a espacios desconocidos o peligrosos; recordemos que en las mañaneras del sexenio pasado, el propio Andrés Manuel López Obrador, destacó que los juego de disparos que ya todos conocemos, han sido un punto clave para el hampa, sobre todo para reclutarlos en sus filas, tal y como se han reportado en los últimos casos de desapariciones.
Retomando el asunto, los valores para las infancias y juventudes cambiaron drásticamente, aquellas violencias que ignoramos, pueden ser el detonante para un mal mayor.










