Diputados y diputadas artificiales

Era cuestión de tiempo conocer la realidad en el Poder Legislativo, pues si se tienen diputados elegidos al azar —llámese tómbola—, ¿qué podría esperarse para contar con legisladores que brillen con luz propia?

En la política hay personajes dotados de experiencia, que conocen todos los caminos para protagonizar y encabezar el sistema político mexicano; pero están contados con los dedos. La realidad se acaba de comprobar: tenemos un Congreso de la Unión cuyos integrantes hacen uso de la inteligencia artificial para posicionarse con discursos que “recogen” de la tecnología.

Un estudio reciente señala que este uso se disparó “hasta en 70% en la actual legislatura, con el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) como el grupo que más recurre a estas herramientas”, seguido por Morena, PRI, PT y PAN.

El análisis, realizado por el investigador Sergio Bárcena, del Tecnológico de Monterrey y fundador de Buró Parlamentario, “examinó 13 mil 92 intervenciones en tribuna —más de 6.8 millones de palabras, con un promedio de 511 por discurso—, lo que permitió identificar patrones en el lenguaje y la repetición de ciertas estructuras asociadas al uso de inteligencia artificial”.

Los legisladores más jóvenes —de la Generación Z— son quienes más utilizan inteligencia artificial, seguidos por los millennials, la Generación X y, finalmente, los llamados baby boomers. Está comprobado que quienes tienen más estudios son los que menos hacen uso de la inteligencia artificial.

La cruda realidad está a la vista: vemos legisladores que utilizan la tribuna para leer sus mensajes políticos, y es raro aquel o aquella diputada que improvisa con argumentos sólidos y fundamentados para debatir. Lo más común es encontrarnos con hombres y mujeres que, para presumir su liderazgo, gritan, ofenden y acusan, pero sin pruebas. Saben que el fuero que poseen los protege de las difamaciones.

Los mismos legisladores reconocen que usan la inteligencia artificial como lo hacen los jóvenes preparatorianos o universitarios. En las escuelas, este fenómeno es común entre el estudiantado y, hasta cierto punto, se entiende, porque la incapacidad de la mayoría de los maestros lo fomenta y lo permite.

Sin embargo, en el plano más alto de un poder, el uso de esta herramienta denota la falta de capacidad de quienes integran la Cámara. La ética y el profesionalismo quedan a la deriva y, aunque los discursos legislativos sean una “maravilla”, la realidad que se vive en México es otra.

El estudio sólo se refiere a quienes están en el Congreso de la Unión, pero ello no significa que los diputados y diputadas de los estados se abstengan de consultar esta tecnología para sus “análisis” legislativos.

De ahí que no sorprenda que en la tribuna se escuchen frases casi iguales, las cuales sólo cambian por sinónimos, pero que, en esencia, reflejan posturas homogéneas, aunque los partidos a los que representan sean, supuestamente, opuestos en ideología.

Lo que los diputados deben hacer es comenzar por regular el uso de la inteligencia artificial; sin embargo, como es una herramienta que poco conoce la gente “común y corriente”, el tema tardará muchos años en llegar a consensos sobre su uso.

La capacidad de presentar ideas y propuestas concretas, acordes con la realidad del tema que se aborda, debe ser lo que distinga a los legisladores, pues no tardará en que algún analista o estudio sobre inteligencia artificial los balconee.

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