Los choques de los usos y costumbres en la pantalla grande

Ya era tiempo de que en Chiapas surgieran noticias que resaltaran la capacidad de su gente para triunfar en la vida, y el mejor ejemplo es el de la joven comunicóloga Ana Ts’uyeb, originaria del municipio indígena de Chenalhó, cuyo largometraje Li Cham se presenta desde este fin de semana en salas de cine comercial. La obra retrata la vida de tres mujeres tsotsiles que luchan contra la violencia patriarcal y la resistencia frente a todo aquello que, bajo el argumento de los usos y costumbres, se encubre en su contra.

Se trata de la primera película realizada en Chiapas que llega a salas de cine comercial y que, además, obtuvo el premio al Mejor Largometraje Documental Mexicano en el 22° Festival Internacional de Cine de Morelia.

En su corta trayectoria destaca que Ana, junto con María Sojob, ambas tsotsiles, han alcanzado reconocimiento nacional e internacional. Este panorama, poco conocido, merece todo el reconocimiento, no sólo por mostrar el precario escenario que viven las mujeres originarias de los pueblos indígenas —donde la ley del hombre suele imponerse sin discusión—, sino también por el valor de cruzar fronteras para evidenciar lo que durante mucho tiempo permaneció oculto.

Ana ha explicado que la película retrata la vida íntima de cada protagonista y resalta la valentía de mujeres que por décadas han sido oprimidas, pero que hoy defienden sus derechos humanos, su derecho a la tierra y a la dignidad que durante años les fue negada bajo el amparo de lo que lamentablemente, para la mayoría de los casos, se ha denominado, usos y costumbres.

El ejemplo de Ana y María, plasmado en este documental, ojalá despierte la conciencia de miles de mujeres que todavía viven bajo la sombra del sometimiento de sus parejas o esposos; mujeres que ya no deben dejarse morir física ni emocionalmente ante la dureza de la realidad que enfrentan.

La realidad de Chiapas, particularmente en las zonas indígenas, comienza a despertar esa hambre de justicia y atención, pero no únicamente mediante la entrega de apoyos económicos o en especie, como tradicionalmente ocurre en los sistemas políticos de gobierno, sino atendiendo las causas de fondo de esta desigualdad que arrastra años de penurias, discriminación, violencia y una muerte silenciosa alejada de los reflectores.

Vivir bajo la opresión tiene que terminar y hoy, con Ana y María, todos los sectores que buscan resarcir daños estructurales deben tomar su ejemplo para combatir la exclusión, la discriminación y el racismo. La película maya-tsotsil representa una ventana abierta para conocer la desigualdad que se vive en las comunidades, no sólo de Chiapas, sino de todo México.

Hoy, Ana y María manifiestan de viva voz que el tiempo de cambiar la mentalidad ha comenzado; es momento de demostrar al mundo que las mujeres deben salir del casillero en el que históricamente han sido sometidas.

Y como lo expresó Ana en una entrevista con Diario Media Group, la producción de la película “representa un importante paso para el cine independiente y las voces indígenas en Chiapas, al llevar a la pantalla grande una historia contada desde la mirada y experiencia de mujeres tsotsiles”.

La película, que desde ayer comenzó a exhibirse en salas comerciales de Chiapas, tuvo su estreno oficial el pasado 7 de mayo en todo el país. Una noticia que entusiasma y confirma que los cambios en todos los sectores ya son una realidad que no debe paralizarse ni estancarse.

En este contexto también debe destacarse la labor de María Sojob (María Dolores Arias Martínez), igualmente originaria de Chenalhó, quien se ha consolidado como una figura relevante del cine documental y cofundadora de “Cine Bolomchón”, un proyecto comunitario en Chiapas. Sus documentales exploran la cultura, la identidad y la cosmovisión tsotsil, además de desafiar los roles tradicionales de género en su comunidad.

En la búsqueda de otras mujeres que han sobresalido en la pantalla grande y en sectores afines aparecen nombres como Dolores Santiz, cineasta y fotógrafa tsotsil reconocida por su trabajo en el documental Una Semilla en el Asfalto y por formar parte de la generación de cineastas de los pueblos originarios de Chiapas vinculada a la Universidad Intercultural de Chiapas; así como Florencia Gómez Santiz, destacada por contribuir a visibilizar la mirada de las mujeres indígenas dentro del cine mexicano.

A todas ellas, el reconocimiento sincero, porque resulta urgente y necesario abrir las ventanas para sacar a la luz lo que está mal y dar oportunidad a que las autoridades impulsen políticas públicas capaces de devolver la esperanza, para que el patriarcado y la violación de los derechos humanos hacia las mujeres dejen de ser una constante y una lamentable realidad.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *