Marco Alvarado/ Diario de Chiapas
En los últimos 94 años México ha sido escenario de una actividad sísmica persistente.
De acuerdo con datos del Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred), los cinco terremotos de mayor impacto registrados en este periodo han cobrado la vida de aproximadamente ocho mil personas.
La cronología de estos eventos comienza el 3 de junio de 1932, el denominado Terremoto de Tuxpan, que afectó la región de Colima y Jalisco, alcanzó una magnitud de 8.2 grados.
Este fenómeno, que incluso generó un tsunami, provocó el fallecimiento de unas 400 personas.
Años más tarde, el 28 de julio de 1957, el país volvió a estremecerse con el Sismo del Ángel. Con una magnitud de 7.8 y epicentro en Guerrero, este evento es recordado simbólicamente por el colapso de la estatua de la Victoria Alada en la Ciudad de México, con un saldo humano registrado de 700 decesos.
La década de los setenta también fue testigo de la fuerza de la naturaleza. El 28 de agosto de 1973, el Terremoto de Orizaba, con una magnitud de 7.3, sacudió la región central de Veracruz y Puebla durante la madrugada.
La violencia del movimiento resultó en la pérdida de 539 vidas, exponiendo desde entonces las carencias en las infraestructuras rurales y urbanas de la época.
Sin embargo, el evento que transformó radicalmente la cultura de protección civil en la nación fue el ocurrido la mañana del 19 de septiembre de 1985.
Con una magnitud de 8.1 y epicentro en las costas de Michoacán, el choque violento arrebató la vida a poco más de seis mil personas, según cifras oficiales.
Este sismo no sólo destruyó miles de hogares en la Ciudad de México, sino que marcó un momento histórico al evidenciar la necesidad de normativas de construcción más estrictas y sistemas de respuesta inmediata.
Tres décadas después, la historia se repitió con una coincidencia trágica. El 19 de septiembre de 2017, apenas unas horas después de realizarse el simulacro nacional en conmemoración de la tragedia de 1985, un sismo de magnitud 7.1 con epicentro en los límites de Puebla y Morelos despertó nuevamente el horror en el centro del país. A pesar de los avances tecnológicos y los sistemas de alerta temprana, provocó el fallecimiento de 369 personas.
Este evento de 2017 se produjo sólo doce días después de otro movimiento masivo ocurrido en Chiapas: el sismo del 7 de septiembre en Pijijiapan.
Con una magnitud de 8.2, este último fue sentido con fuerza en el sur y centro de México, cobrando 99 vidas y generando más de cuatro mil réplicas en las dos semanas posteriores.










