La lectura en retirada II
Marco A. Orozco Zuarth. [email protected]
En este contexto, los autores enfrentan una realidad cada vez más adversa, no solo económica sino también simbólica y emocional, donde escribir en regiones con librerías en cierre y bajos índices de lectura, convierte la palabra en un acto casi de resistencia. La falta de espacios de encuentro y circulación debilita el diálogo entre obra y lector, aislando al escritor.
A ello se suma que muchos publican con recursos propios y con mínimas redes de difusión, pero enfrentan serias dificultades para distribuir y dar a conocer sus libros. La ausencia de una infraestructura cultural sólida impide que las obras lleguen a su público, quedando atrapadas en pequeños tirajes y en una visibilidad muy limitada.
A ello se suma un fenómeno contemporáneo: la saturación digital. En un entorno dominado por la inmediatez de redes sociales y contenidos efímeros, la literatura pierde visibilidad frente a formatos breves, rápidos y altamente consumibles. El libro, que exige tiempo, atención y reflexión, compite en desigualdad con estímulos inmediatos que desplazan la lectura profunda. Así, muchos textos terminan invisibles y no por falta de calidad.
La situación es preocupante, porque las nuevas generaciones suelen reconocer más a influencers y creadores digitales, que a los escritores de su propio contexto, lo que debilita la transmisión de referentes culturales locales y desplaza la voz del autor frente a discursos globalizados y efímeros. Sin lectura no hay industria editorial sólida, pero tampoco memoria cultural ni identidad colectiva que perdure.
En este escenario, el autor escribe no solo para ser leído, sino también para resistir el olvido. Cuando un pueblo deja de leer, también deja de escuchar las voces que narran su historia, sus conflictos y sus sueños, y con ello pierde la posibilidad de reconocerse a sí mismo a través de la palabra.
Cierra la librería –
llueve sobre los libros,
primavera herida.
ah, el mundo se apaga en papel
Verano en la ciudad,
un libro sin lector tiembla
en la vitrina.
silencio entre páginas vacías
Otoño en las aulas,
la pantalla ilumina rostros,
nadie lee en voz alta.
qué lejos la voz del maestro
Invierno temprano,
feria de libros desierta,
viento en los estantes.
la palabra busca abrigo
Flores de jacaranda,
cierran otra librería –
nadie lo nota.
la memoria cae en pétalos










