Uvel Velázquez

Con el calor tan intenso.

Vivimos con ventilador entre las costillas.

 Aprendimos a congelar nuestros

 huesos blancos como un barco. 

La lluvia sofocante, delira con el asfalto.

 El tiempo arruga la cara. 

Sudamos con el mismo sudor,

 que nos mantiene vivos.

Habitación

Uvel Velázquez

Te beso y el tiempo se nos va. 

Huyes como el humo. 

Encima de tu cuerpo callado y tibio. 

Eres enredadera de latidos. 

Te aprieto más a mí. 

No quiero que se apague nuestro amor. 

Quiero estar así, contigo, siempre. 

Ahh tu cuerpo infinito. 

Besar tus labios y ojos. 

Me anuda tu boca frutal. 

Miras los edificios desnuda. 

Me acerco a ti por detrás y te aprieto como si fuéramos a morir. 

Estamos así, quietos, vibrando. 

Te mueves despacio, agotada como lluvia.

 Acaricio tu pelo con olor a campo. 

Tu piel me envuelve más a ti. 

Me tiras al piso, entre suspiros cortados, 

y navegamos muy lejos de nuestros sueños.

La noche

Uvel Velázquez

 Ahhh la seda dónde 

caprichosamente te guardas. 

Ahh la seda dónde secretamente 

reposa el tiempo y

 la piel del alba se levanta y me golpea. 

Ahh tirada sobre la cama, 

tan sola, tan callada. 

Mi contemplación va 

y viene más desnuda. 

Mi voz lame tus secretos oscuros. 

Mi lengua recorre tu piel enarenada. 

Ahhh el romance de la 

luna con la ropa tendida.

El pleito amoroso de los gatos.

 Brama la noche con viento, siempre en movimiento.

 No descansa la tierra.

 Ni lo vivo, ni lo muerto. 

No descansan mis manos 

sobre tu cuerpo infinito y quieto.  

Amo tu cuerpo como una pregunta. 

Te rodeo con mis brazos

 como el mar a la tierra.

 Mi deseo contigo 

es un hoyo de arena. 

Vuelvo a tu cuerpo

 de agua con la sed despierta.

Ahh tu axila codiciada, 

me enamoran tus bellas

 palmeras dónde reposa el llanto.

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