Razones
Jorge Fernández Menéndez
Hoy asumirá la presidencia de Colombia Abelardo de la Espriella. La toma de posesión se hará en Cali, no en Bogotá, para refrendar su posición dura contra los grupos criminales y armados, que califica, como el gobierno de Trump, como terroristas y con la asistencia de mandatarios e invitados que confirman la nueva correlación de fuerzas en Iberoamérica: estarán, entre otros, Felipe VI de España; Javier Milei, de Argentina; José Antonio Kast, de Chile; Daniel Noboa, de Ecuador; Rodrigo Paz, de Bolivia, y Santiago Peña, de Paraguay. Habrá también representantes de muy alto nivel de los Estados Unidos. Ninguno de México.
Siguiendo un modelo muy trumpiano, ha anunciado que firmará 90 decretos el mismo día de su posesión, que abarcarán seguridad, economía, salud y educación, mientras negocia su agenda legislativa con el Congreso. Entre las medidas prioritarias estarán la revisión y la desarticulación la política de Paz Total (la versión colombiana de abrazos y no balazos) de Gustavo Petro; crear un Bloque de Seguridad Urbana contra la extorsión; fumigar con bioherbicidas (no glifosato) las 330 mil hectáreas de coca combinando aspersión aérea, drones y erradicación manual (durante el gobierno de Petro esa tarea quedó prácticamente abandonada que la presión de Trump hizo que se recobrara parcialmente hasta hace apenas unos meses); reactivar a militares veteranos para ampliar la fuerza pública y recuperar el control territorial del país en 90 días; una «limpieza» inmediata en la dirección de entidades públicas, comenzando por Ecopetrol, la empresa petrolera estatal; y una auditoría para detectar irregularidades del gobierno saliente.
Su programa, Patria Milagro, se sostiene en dos ejes: seguridad de mano dura y crecimiento económico acelerado (proyecta un 6-7 por ciento anual), con una reducción de 40 por ciento de la estructura del Estado, vía un ajuste fiscal draconiano y una desregulación masiva. En el frente internacional, ha anunciado la revisión y ampliación de alianzas con El Salvador de Nayib Bukele e integrará a Colombia en el Escudo de las Américas, impulsado por Donald Trump, con la mayoría de los países de América latina y el Caribe.
Obviamente De la Espriella es la antítesis política de la presidenta Sheinbaum, que es, además, muy cercana a un Gustavo Petro que sigue sin aceptar los resultados electorales. Pero la mandataria tendrá decidir si seguimos aislándonos de los demás de países de la región, respaldando sólo a Cuba y Nicaragua, a semanas de unas elecciones en Brasil que pueden darle el triunfo a la derecha representada por el hijo de Bolsonaro, o trabajar con De la Espriella, porque además para nosotros, como país, mantener una buena relación, sobre todo en términos de seguridad, con Colombia es estratégico.
Los enemigos de De la Espriella (los mismos que cobijó Petro) tendrían que ser los nuestros: los grupos narcoterroristas, incluyendo los que dicen estar en la lucha armada como los disidentes de las FARC y el ELN, que son parte del crimen organizado y que tienen lazos intensos y continuos tanto con lo que fue el cártel de Sinaloa como con el CJNG.
Las FARC durante años han tenido presencia en México. En 2008 publicamos un libro, titulado Las FARC en México (Aguilar, 2008), que se basaba en los documentos recogidos en el campamento de uno de los principales dirigentes de esa organización armada, Raúl Reyes, que había sido abatido el 1 de marzo de ese año en una operación militar realizada contra el enclave del grupo armado ubicado en la frontera entre Colombia y Ecuador, donde también fueron detenidos unos jóvenes estudiantes mexicanos.
Poco antes antes, había sido descubierta una amplia trama de colaboración de un frente de las FARC, de los que ahora se dicen disidentes, con el cártel de los Arellano Félix, en un intercambio de drogas por armas, desmantelado por el equipo que entonces encabezaba José Luis Santiago Vasconcelos, fallecido en el avionazo en el que murió, en 2007, también, entre otros, Juan Camilo Mouriño.
En 2008, cuando se dio el ataque al campamento de Raúl Reyes, recordábamos en este espacio que las FARC no sólo eran una organización profundamente involucrada en el narcotráfico y en el envío de drogas a México (no es una hipótesis, la información está documentada), sino que también estaba entrenando jóvenes mexicanos en relación con grupos políticos y armados de nuestro país.
Los jóvenes mexicanos que estaban en el principal campamento de las FARC, donde residía Raúl Reyes, eran parte de un programa de entrenamiento militar para jóvenes mexicanos que se iban rotando en esos campamentos y que son ligados a las FARC a través del discurso de los círculos bolivarianos que impulsaba y financiaba el gobierno de Venezuela y que, a su vez están ligados a distintos movimientos políticos. Eso se exhibe en los documentos de Reyes, que están publicados textuales en el libro citado.
Hasta 2002, o sea hasta que fueron declarados una organización terrorista por Estados Unidos y la Unión Europea, e incluso después de que se había comprobado la relación de uno de los principales frentes de las FARC con el cártel de los Arellano Félix, seguían abiertas, con status oficial, como si fueran embajadas, cuatro oficinas de las FARC en México. El cierre formal de las oficinas de ese grupo en México se combinó con la apertura de una serie de oficinas informales, que han aparecido de la mano con los círculos bolivarianos, en muchos lugares, desde la UNAM hasta el IPN, desde la UAM hasta la Universidad de Guerrero, y que persisten hasta hoy. Muchas están relacionadas con Morena y con el PT. La de Colombia es una historia demasiado cercana a nosotros como para ignorarla.










