Narcopolítica, del michoacanazo a Manzo

Razones

Jorge Fernández Menéndez

Lo que ocurre en Michoacán, la trascendencia que tiene la narcopolítica en el estado, la pentración que ha logrado el crimen organizado en las autoridades, debe analizarse retrocediendo en el tiempo. Hoy se olvida o se tergiversa un tema que es central en esta historia: en diciembre de 2006, el presidente Calderón lanzó el primer operativo en Michoacán, por un pedido expreso del entonces gobernador del estado, Lázaro Cárdenas Batel, hoy jefe de oficina de la presidencia, hijo de Cuauhtémoc Cárdenas y lo que es más importante, un político honesto, porque el crimen organizado había rebasado a las autoridades locales, como ocurría ya en otros estados pero en ninguno con la virulencia que se presentaba en Michoacán, la tierra natal del propio presidente.

No era “la guerra de Calderón”, era la guerra que habían emprendido entre sí los cárteles desde 2004, coincidiendo con la decisión del presidente George W. Bush de cancelar la prohibición que había impuesto Bill Clinton de la venta de armas de alto poder. Repentinamente los cárteles se encontraron con arsenales que nunca habían tenido a su disposición y eso coincidió con su lucha por definir la nueva geopolítica del crimen organizado.

En Michoacán se logró contener la violencia pero no se pudo ir más allá porque el sucesor de Lázaro Cárdenas, Leonel Godoy, entregó el estado a los grupos criminales. El gobierno federal decidió entonces dar uno de los golpes más importantes de aquellos años, el llamado michoacanazo, un operativo federal realizado el 29 de mayo de 2009, mediante el cual se detuvo a 11 presidentes municipales, 16 altos funcionarios, incluyendo casi todo el gabinete de seguridad estatal y a un juez de Michoacán.

Uno de los detenidos era Roldán Álvarez Ayala, alcalde de Apatzingán por el PRD y acusado de nexos con el crimen organizado. Roldan tenía, tiene, un hermano Ramón Ángel (apodado El R1, algunos apodaban desde entonces a Roldán como el R0, cero, porque decían que era el que en realidad mandaba). Ramón fue detenido en 2012 por el Ejército Mexicano en Guadalajara, Jalisco, e identificado, desde entonces, como un operador de alta relevancia para el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

Tanto Roldán como los otros detenidos en el michoacanazo terminaron en libertad y recuperaron sus posiciones políticas, pese a que las pruebas existentes contra la mayoría de los involucrados eran abrumadoras: grabaciones telefónicas, testimonios de testigos protegidos, cuentas bancarias. Inexplicablemente, el michoacanazo, que era el caso que mejor demostraba las verdaderas redes de la narcopolítica en el país, se fue desvaneciendo: primero, por decisión judicial, los acusados fueron trasladados desde la cárcel de máxima seguridad de Nayarit a la de Morelia donde, según los propios datos oficiales, tenían un régimen prácticamente de spa, y de allí fueron enviados por un juez, Efrain Cázarez López, uno por uno a sus casas. Todos sin excepción, incluyendo por supuesto al alcalde Roldán Alvarez Ayala.

En paralelo con ello, el medio hermano del gobernador, Julio César Godoy Toscano, que hasta entonces estaba prófugo, se presentó, con un año de retraso, a tomar posesión de su curul en la cámara de diputados y obviamente de su fuero.

La historia posterior es conocida: Julio César Godoy consiguió un amparo, de los mismos tribunales que habían dejado en libertad a los otros implicados en el michoacanazo, y fue ingresado a San Lázaro en el baúl del carro de un diputado perredista, fue escondido en las oficinas del líder de ese partido en la cámara baja, Alejandro Encinas, y dos días después rindió protesta ante el pleno. Para que la burla no fuera menor, Godoy Toscano se incorporó inmediatamente a la comisión de seguridad de la cámara para analizar, dijo, “los excesos de las fuerzas policiales”.

Pero resulta que se solicitó su desafuero y los diputados de la comisión especial, lo mismo que todos los mexicanos, pudimos escuchar las grabaciones que el juez Cázarez López había desestimado, otorgándole a Godoy amparo y fuero. Eran las conversaciones con Servando Gómez, la Tuta, jefe de la Familia Michoacana, donde con lujo de detalles se le explicaba al entonces candidato las instrucciones y los apoyos que tendría de ese grupo criminal. Julio César Godoy fue desaforado, pero antes tuvo tiempo de darse a la fuga y hasta el día de hoy continúa prófugo de la justicia. Ninguno de los involucrados en su entrada clandestina a San Lázaro, de haberlo convertido en candidato y luego en diputado, sufrió alguna consecuencia. El juez que ordenó todas las liberaciones del michoacanazo, Efraín Cazarez López fue destituido por el Consejo de la Judicatura.

Roldán siguió su carrera en el PRD y cuando se fundó Morena se fue al partido de López Obrador; era un importante líder regional y miembro del consejo político del partido. Era también un enemigo de Carlos Manzo. Su hermano, Ramón, el R1, por otra extraña decisión judicial, quedó libre en 2022, y se convirtió en el líder criminal de la región donde su hermano era el líder político. Roldán fue separado de Morena apenas en diciembre del año pasado, meses después de asesinato de Manzo y de las denuncias de Grecia Quiroz.

Su hermano Ramón fue detenido el fin de semana por fuerzas del ejército mexicano, y señalado como el responsable del homicidio de Manzo. La pregunta es quién le pidió al R1 matar a Manzo. Y muchos piensan que podría haber sido su hermano Roldán, el mismo que fue liberado en 2011, gozando, como muchos otros de los detenidos por el michoacanzo, de absoluta impunidad. ¿Ahora también?

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