Ch´ulelal o cuando la narrativa serpentea para hechizarte

*Texto leído en la presentación de Ch´ulelalen el CELALI de San Cristóbal de Las Casas el día 6 de agosto de 20206. El libro de cuentos puedes encontrarlo en venta en la librería “La Cosecha” en la misma ciudad y en la “Cafetería Cerro Brujo” Oriente de Tuxtla Gutiérrez.

Damaris Disner / Diario de Chiapas

Si el libro de cuentos Ch´ulelal”de Cristina Patishtán, fuera un nagual sería una serpiente. Mientras lo escribo me llega la revelación del por qué al terminar de leerlo, sentí una presencia alejarse zizagueante.

Las ilustraciones que acompañan las portadillas de cada uno de los seis cuentos, son de Katia González (Tsebal Chon); separan con simbolismo la versión tsotsil y la de español. Es interesante resaltar que Patishtán no tuvo la necesidad de un traductor o traductora, por lo que el valor lingüístico de la obra se acrecienta.

Es imposible al leer el compendio cuentístico no traer a la memoria a Amparo Dávila, Guadalupe Dueñas, Silvina Ocampo, Samantha Schweblin, incluso la de Verónica Murguía, cuando hilvana la atmósfera de las aldeas árabes en Auliya. Y esto, me parece que sitúa a Cristina Patishtán como un referente en la narrativa, no solo porque haya sido merecedor “Ch´ulelal”, del Premio Nacional de Cuento en Lenguas Originarias “Tetseebo 2022”, sino también porque sus atmósferas perfectamente delineadas nos permiten asomarnos con profundo asombro a una cosmovisión que pocas veces es retratada fielmente, sin atisbos de autocensura.

Adentrarte al misticismo tsotsil, de la mano de Cristina, te retará a cuestionarte sobre las fuerzas invisibles que te rodean o te habitan, en espera de la oportunidad para manifestarse. Si tú se lo permites; al libre albedrío juegan los dioses para castigarte o premiarte.

El tejido narrativo evoca a la serpiente que zigzaguea para dejar una huella que debes seguir con perspicacia. En repetidas ocasiones tuve que volver páginas anteriores para hallar el entramado, en algunas ocasiones como lectora común que necesita la comprensión textual y en otras, como la escritora que admira y aplaude la habilidad descriptiva, cuando el sujeto lírico recrea a los parajes de los Altos de Chiapas, como escenario de batallas espirituales donde los sentimientos inmundos como la envidia o la venganza parecen llevar ventaja.

La presencia femenina no pide permiso, se manifiesta. Es la fuerza que abraza a los suyos para defenderlos en contra de, incluso, sus propias creencias. En la mayoría de los cuentos la comunidad puede llegar a ser una bestia que devora. Los personajes están perfectamente construidos, porque se nutren de la ambigüedad de la condición humana que teje la coherencia interna narrativa. Parecen obedecer a una fuerza suprema que no da tregua, es donde lo primigenio se invoca para recordar a los mitos. La poética de Cristina provoca, cuestiona, revela … nos hechiza.

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