Unir conservación y desarrollo

Con este precedente, Carabias lanzó un llamado urgente a replicar esa voluntad política y técnica en los bosques, selvas y cuencas del planeta.

Edén Gómez Bernal / Diario de Chiapas

El mundo atraviesa por una profunda inestabilidad global donde la pobreza, las desigualdades y las guerras convergen en una crisis ambiental sin precedentes. 

Así lo advirtió la reconocida bióloga y académica, Julia Carabias durante una ponencia magistral, en el marco de la Convención Internacional UNACH 2026, en la que enfatizó que los desafíos socioeconómicos y la degradación del planeta no pueden atenderse por separado. 

“No hay forma de superar la pobreza si tenemos un ambiente degradado”, sentenció, al tiempo que subrayó que la salud de los ecosistemas es la base indispensable para alcanzar el bienestar social.

Durante su análisis sobre el contexto global, la investigadora señaló que la degradación actual responde a tres factores principales: el crecimiento demográfico exponencial, que ya supera los ocho mil millones de personas, una cultura consumista arraigada y métodos de producción altamente depredadores.

 Esta combinación provocó que la humanidad extraiga más recursos de los que la naturaleza es capaz de renovar. “La humanidad está utilizando más de lo que la naturaleza puede renovar y echando más de lo que puede absorber”, afirmó.

Para ilustrar la magnitud del problema, Carabias recurrió al marco conceptual de los límites planetarios, advirtiendo que de los nueve sistemas naturales que regulan la vida en la Tierra, siete ya han rebasado sus umbrales de seguridad. 

Entre los daños más severos destacó el cambio climático de origen antropogénico, la pérdida masiva de biodiversidad (con cerca de un millón de especies en riesgo de extinción, debido a la transformación del suelo para la ganadería y la agricultura) y la grave alteración del ciclo hidrológico, donde el setenta por ciento del agua dulce se destina a una agricultura ineficiente.

A pesar del panorama crítico, la especialista señaló un rayo de esperanza: la recuperación de la capa de ozono gracias al Protocolo de Montreal.

 Este hito histórico demostró que, cuando la ciencia guía las decisiones, los países se articulan mediante acuerdos internacionales y los ciudadanos modifican sus hábitos, es posible revertir los daños ecológicos. 

Con este precedente, Carabias lanzó un llamado urgente a replicar esa voluntad política y técnica en los bosques, selvas y cuencas del planeta, demostrando que la capacidad para salvar el entorno existe y solo falta la determinación para ejecutarla.

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