La educación en zona de desastre

Razones

Jorge Fernández Menéndez

Como escribió en su libro La Regresión Educativa (Grijalbo, 2022), ex líder del 68 y verdadero experto en temas educativos, Gilberto Guevara Niebla, quien fue al inicio del sexenio pasado subsecretario de Educación Pública y le renunció a López Obrador, “la educación de México experimenta un retroceso”.

El gobierno federal actual eliminó la reforma educativa de 2013, pero no produjo un nuevo proyecto; en cambio, puso en práctica políticas que dañan la oferta educativa. El presidente volvió la espalda a la educación persiguiendo un objetivo político, en el sentido populista, mezquino, del término.”

Eso lo estamos comprobando, una vez más, con los catastróficos resultados obtenidos en las pruebas PISA: los estudiantes de nivel básico mexicanos tienen serias dificultades para comprender un texto, para resolver problemas matemáticos y para desarrollar un proyecto científico. México es el penúltimo país de la OCDE evaluado en ciencias y comprensión de ectura, el antepenúltimo en matemáticas y el cuarto país con el desempeño más bajo en pensamiento computacional.

Haber implementado una política basada en la contra reforma educativa de López Obrdor ha logrado rezagar por años la educación de niños y jóvenes. La contrarreforma, la nueva escuela mexicana lopezobradorista y los libros de texto gratuitos, orientados a la ideología de izquierda y la lucha de clases, con una drástica reducción de contenidos en ciencias y matemáticas, son la base de este desastre. Es una suma de incongruencias y desatinos que no tienen base pedagógica ni institucional alguna.

A eso debemos sumarle, en el contexto de la contra reforma y de los acuerdos con la CNTE y el SNTE, el abandono de la evaluación y la formación magisterial y de los estudiantes. Los maestros no son evaluados, no se forman, no reciben un estímulo por su capacidad y su esfuerzo sino por antigüedad y en la mayoría de los casos por su dependencia con el sindicato y peor aún con la coordinadora. Los alumnos no tienen exámenes ni calificaciones, se avanza sin contratiempos a lo largo de todo el ciclo educativo. Se desecha y descalifica el mérito académico. La Suprema Corte de Justicia de la Nación haciendo honor a su calificativo de la corte del acordeón, resolvió en mayo del 2026, apoyando al gobierno federal (como en absolutamente todas sus resoluciones), que la «excelencia educativa» no depende de una calificación numérica estricta o de un porcentaje de asistencia (eliminando incluso la obligatoriedad del 80 por ciento de asistencias para pasar de año). Tener mejores calificaciones no sirve ya ni para ser escolta de la bandera.

La educación fue copada por personajes sin capacidad comprobada alguna en el sector, siguiendo aquello de 90 por ciento de lealtad y 10 por ciento de capacidad, y personajes como Marx Arraiga, Fernando Salmerón, Paco Taibo II, Álvarez Buylla y otros que pululan en torno a los sectores más radicales de la 4T, y que estuvieron o aún están en las responsabilidades educativas, no tienen idea de la administración pública, de lo que es un esfuerzo nacional y mucho menos de hacia dónde orientar la educación pública.

Se consumen en una suma de consignas sin sentido. “Leer por goce es un acto capitalista”, decía Arriaga, que rechazaba la educación para formar profesionales e incorporarse al mercado de trabajo y la consideraba “meritocrática, punitiva, patriarcal, eurocentrista y colonial”. Por eso estamos así.

Una de las grandes amenazas para la educación pública, como hemos dicho muchas veces, es la ideologización de la pobreza y de la mano con ella, la de la propia educación. En el discurso de la nueva escuela mexicana no hay nada que se acerque a la educación. No es el tema ni el objetivo: en todo caso, es la coartada más o menos eficaz para una lucha política que tiene que ver con las opciones más radicales, que, paradójicamente, están privatizando la educación. ¿Qué impulsa más a una familia a enviar a sus hijos a una escuela privada que el hecho de que sus hijos encuentren una y otra vez una escuela pública con instalaciones deficientes, con rendimientos decrecientes, ideologizada, muchas veces cerrada y a sus maestros en la calle?

El modelo construido el sexenio pasado y mantenido hasta el día de hoy, deformó la educación en todos los niveles, con un plan que no tiene antecedentes pedagógicos en ningún otro país y que es una suma de ocurrencias ideológicas, que buscan alinear la educación pública, como lo reconoce la SEP, con los propósitos político-ideológicos de los sectores más duros de la 4T. Es ideología, no es educación, son ocurrencias, no es pedagogía. Se creó un monstruo que, paradójicamente, cuanto más hunde a la educación, más poderoso se hace.

Estamos, lo demuestran las pruebas PISA, en los mismos niveles de 2003, hemos perdido más de 20 años de avances pedagógicos en el país. Se argumentará que es simplemente la continuación de las deficiencias del pasado, pero no es así: desde 2003 hasta 2018 habíamos avanzado gradualmente, pero en forma sostenida, en la educación. En 2022 se comenzó a exhibir el desastre: se dijo que era consecuencia de la pandemia, cuatro años después estamos aún peor y sabemos que la responsabilidad está en el modelo educativo de la 4T, en quienes lo aplaudieron y lo han implementado.

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