Tradiciones y sabores de Chiapa de Corzo

Erick Bustillos / Diario de Chiapas

Entre frutas, mieles, chiles y bebidas tradicionales, Adela González Méndez ha dedicado 24 años de su vida a preservar sabores que forman parte de la identidad gastronómica de Chiapa de Corzo.

Su historia con los encurtidos comenzó gracias a las enseñanzas de sus vecinos en su localidad. Desde entonces, el trabajo artesanal se convirtió en una forma de vida y también en el sustento con el que logró sacar adelante a su familia.

Uno de sus productos principales es el jocote en conserva, cuya elaboración requiere tiempo, paciencia y un cuidadoso proceso de reposo.

Cada fruto debe ser picado para permitir que el aguardiente penetre en su interior. Posteriormente, los jocotes son colocados en grandes recipientes y permanecen aproximadamente tres meses en reposo.

Después comienza un proceso de incorporación de mieles que puede prolongarse durante todo un año, hasta lograr la textura, consistencia y sabor característicos.

Aunque anteriormente cada fruta era preparada manualmente, actualmente algunas herramientas han facilitado parte del trabajo. Sin embargo, Adela asegura que la elaboración continúa requiriendo dedicación y experiencia.

Además de los encurtidos, ofrece diferentes variedades de chiles preparados, entre ellos el tradicional “mira para arriba”, así como productos como habanero, salsas y otras conservas.

La preparación de los chiles también exige cuidados especiales. El limón utilizado debe ser trabajado y reposado para retirar impurezas y conseguir una apariencia limpia y transparente, similar a la del vinagre.

A esta tradición gastronómica se suma la elaboración artesanal de pozol deshidratado, preparado mediante un proceso que comienza desde la madrugada. El maíz se cuece durante aproximadamente dos horas y posteriormente se trabaja con técnicas tradicionales que incluyen el uso de leña y utensilios de barro.

Para Adela, conservar estas prácticas no solamente significa mantener una tradición, sino también compartir parte de la identidad de Chiapa de Corzo.

Durante años ha participado como expositora en diferentes puntos del país, llevando sus productos a lugares como Ciudad de México, Cancún y Puebla.

Aunque un accidente ha limitado sus viajes y la posibilidad de trasladar toda su mercancía, continúa trabajando en el mismo lugar donde comenzó: Chiapa de Corzo.

Con la llegada de la tradicional fiesta grande de enero, la venta de sus productos representa una oportunidad para reencontrarse con clientes que, durante años, han convertido sus encurtidos, chiles y bebidas en parte de sus propios recuerdos.

“Gracias a este trabajo pude dar carrera a mis hijos”, comparte Adela, quien ve en esta actividad mucho más que una fuente de ingresos.

Son 24 años de trabajo, paciencia y tradición que continúan transformando frutas, chiles y maíz en sabores que mantienen viva la memoria gastronómica de Chiapa de Corzo.

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