México frente al espejo: el maltrato animal que todavía no queremos ver

Puntos Fiscales

José Luis León Robles                         

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Hay sociedades que se miden por la manera en que tratan a sus seres más vulnerables. Bajo esa premisa, México tiene todavía una deuda profunda con los animales. El maltrato animal no es solamente un perro golpeado, un gato abandonado, un caballo sometido a jornadas excesivas o un animal encerrado en condiciones deplorables. Es un problema que revela algo mucho más preocupante: la normalización de la violencia, la indiferencia y la falta de responsabilidad. Y aunque durante los últimos años México ha avanzado en materia legislativa y en la construcción de una cultura de protección animal, la realidad demuestra que tener leyes no significa necesariamente que exista justicia. La violencia que se volvió cotidiana. El problema comienza, muchas veces, con actos que una parte de la sociedad considera menores: abandonar una mascota cuando deja de ser conveniente, mantenerla permanentemente encadenada, no proporcionarle alimento suficiente, dejarla expuesta al sol y a la lluvia, utilizarla para reproducción indiscriminada o simplemente ignorar una enfermedad que requiere atención veterinaria. Después vienen formas mucho más graves de crueldad. La violencia contra los animales puede llegar hasta las lesiones deliberadas, el envenenamiento, la tortura, las peleas clandestinas, el abandono masivo y la muerte. Lo verdaderamente preocupante es que muchas de estas conductas ocurren frente a nuestros ojos. El vecino sabe que el perro lleva meses encerrado. La colonia sabe quién abandona camadas. Los habitantes conocen el lugar donde se realizan determinadas prácticas. Las redes sociales muestran diariamente casos de violencia. Pero entre saber que existe el problema y actuar contra él existe una distancia enorme. Un problema que ya llegó a los tribunales, la dimensión del fenómeno puede observarse en las cifras de procuración de justicia. De acuerdo con información citada por el Congreso de la Ciudad de México con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, durante 2024 las fiscalías estatales abrieron 4,587 carpetas de investigación por maltrato animal, un incremento de 3% respecto de 2023. En la Ciudad de México, el maltrato animal se ha convertido en uno de los principales delitos ambientales denunciados. Durante 2025 se registraron 35 investigaciones penales por este concepto ante autoridades federales y locales, según datos de la Procuraduría Ambiental y del Ordenamiento Territorial. Esto demuestra que ya no estamos hablando de casos aislados. Estamos ante un fenómeno social que requiere prevención, investigación, sanción y, sobre todo, educación. La Constitución dio un paso histórico, pero falta completar el camino. México dio un paso trascendental en diciembre de 2024 al incorporar a la Constitución obligaciones relacionadas con la protección, el trato adecuado, la conservación y el cuidado de los animales. Sin embargo, el reconocimiento constitucional necesita traducirse en normas secundarias eficaces. Durante 2026 continuaba pendiente la definición y aprobación de un marco general que permita establecer criterios homogéneos en materia de bienestar animal. Incluso el Senado y la Cámara de Diputados han trabajado distintas propuestas legislativas para establecer una Ley General en Materia de Bienestar, Cuidado y Protección de los Animales. Y aquí aparece una de las grandes contradicciones mexicanas: tenemos un reconocimiento constitucional de la importancia de proteger a los animales, pero todavía enfrentamos dificultades para convertir ese mandato en una política pública nacional uniforme y eficaz. La protección animal no debería depender exclusivamente del código penal de cada estado, de la voluntad de un municipio o de que una organización civil tenga los recursos para rescatar a un animal. Quizá la pregunta que México debería hacerse no sea cuántos animales son maltratados cada año. La pregunta verdaderamente importante es: ¿qué clase de sociedad queremos ser? Porque la forma en que tratamos a los animales habla también de nuestra capacidad para respetar la vida, asumir responsabilidades y proteger a quienes no pueden defenderse por sí mismos. La verdadera transformación ocurrirá cuando una persona piense dos veces antes de abandonar a su mascota; cuando un vecino denuncie el maltrato; cuando una autoridad investigue con seriedad; cuando un juez sancione conforme a derecho; cuando existan refugios y servicios veterinarios suficientes; y cuando los niños aprendan desde las aulas que la crueldad no es entretenimiento y que la vida de un animal no vale menos por no tener voz humana. Si el creador nos lo permite, nos estaremos leyendo la siguiente semana.

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