Gustavo Adolfo Candela Argüello
En Chiapas hablamos constantemente de emprendimiento. Se promueve la creación de nuevos negocios, se organizan ferias, concursos, capacitaciones y programas para que más personas conviertan una idea en una empresa. Y eso, sin duda, es positivo.
Pero quizá estamos haciendo una pregunta equivocada. No deberíamos preguntarnos únicamente cuántos negocios somos capaces de crear, sino cuántos somos capaces de lograr que permanezcan.
Porque abrir un negocio no es lo mismo que construir una empresa.
Esta diferencia parece sencilla, pero en ella puede encontrarse una parte importante de los problemas que enfrenta nuestra economía local. Un negocio puede surgir para responder a una necesidad inmediata, aprovechar una oportunidad o generar un ingreso familiar. Una empresa, en cambio, necesita construir procesos, clientes, reputación, capacidad financiera, organización y una identidad que le permita sobrevivir incluso cuando las condiciones del mercado cambien y precisamente ahí está uno de nuestros grandes desafíos.
Los datos económicos ayudan a dimensionar esta realidad. De acuerdo con los Censos Económicos 2024 del INEGI, con información correspondiente a 2023, Tuxtla Gutiérrez concentró el 18.8% de las unidades económicas de Chiapas, el 25% del personal ocupado y el 32.7% de las remuneraciones del estado. Es decir, la capital concentra una parte fundamental de la actividad económica chiapaneca.
Pero concentrar actividad económica no necesariamente significa tener empresas sólidas.
El otro lado de la moneda también merece atención. En el cuarto trimestre de 2025, el INEGI reportó para Chiapas una tasa de informalidad laboral de 74.9%, mientras que para Tuxtla Gutiérrez fue de 52.4%.
Además, el CONEVAL reportó que en el cuarto trimestre de 2024 Chiapas registró una pobreza laboral de 62.2%.
Estas cifras no significan que el emprendimiento sea un fracaso. Todo lo contrario. Significan que existe una enorme capacidad de trabajo, iniciativa y búsqueda de alternativas económicas. Lo que debemos preguntarnos es por qué una parte importante de esa energía o motivación no consigue convertirse en empresas más productivas, formales, estables y capaces de crecer. Desde mi perspectiva, ahí está una de las discusiones que debemos comenzar a tener.
El ciclo que debemos romper…
En muchas ocasiones, el ciclo parece repetirse.
Una persona identifica una necesidad. Después abre un pequeño negocio. Consigue algunos clientes. Las ventas comienzan a llegar. El negocio funciona durante un tiempo. Pero aparecen problemas administrativos, financieros, fiscales, tecnológicos o de organización.
El propietario termina haciendo prácticamente todo: vende, compra, administra, cobra, atiende al cliente y resuelve los problemas, el negocio sobrevive, pero no necesariamente crece y cuando las condiciones económicas se complican, puede cerrar o regresar a una lógica de subsistencia, entonces aparece otro emprendimiento y nuevamente comienza el ciclo.
No creo que el problema sea que en Chiapas falten emprendedores. Probablemente ocurre lo contrario: “Tenemos mucha capacidad para emprender, pero necesitamos desarrollar una mayor capacidad para consolidar empresas”.
Ésa es una diferencia fundamental.
Emprendimientos líquidos para una economía que cambia…
Frente a esta realidad propongo pensar en lo que llamaría “Emprendimientos líquidos”.
No se trata de empresas sin rumbo ni de negocios que cambien de producto cada semana. Se trata de organizaciones capaces de adaptarse rápidamente a las necesidades de su entorno sin perder aquello que les da sentido; El mercado cambia. El consumidor cambia. La tecnología cambia. Los canales de venta cambian.
Una empresa que no cambia corre el riesgo de desaparecer, pero existe una diferencia entre cambiar para sobrevivir y cambiar sin identidad, un emprendimiento líquido debe ser flexible en su operación, pero sólido en su propósito, puede modificar su producto, incorporar tecnología, vender por internet, cambiar sus canales de distribución, atender nuevos segmentos o desarrollar nuevos servicios. Lo que no debería cambiar fácilmente es el compromiso que establece con sus clientes.
Porque ahí aparece otro concepto que considero fundamental: la empresa con identidad estable.
Que cambie el producto, pero no la confianza…
Una empresa puede dejar de vender un producto y comenzar a vender otro.
Puede pasar de una tienda física a una plataforma digital, puede cambiar su tecnología, puede modificar su sistema de distribución, puede incluso cambiar su mercado, pero si pretende permanecer en el tiempo, necesita conservar algo mucho más importante: la confianza del cliente.
La verdadera fidelidad no debería estar relacionada únicamente con un producto.
Un cliente no debería decir: “soy fiel a este producto”.
Debería llegar a decir: “soy fiel a esta empresa porque sé que, aunque cambie lo que vende, seguirá respondiendo por mí”.
Ahí comienza una relación empresarial mucho más profunda.
Primero viene la compra, después, la satisfacción, luego aparece la confianza, la confianza genera recompra, la recompra puede convertirse en fidelidad y la fidelidad puede transformarse finalmente en recomendación.
Ésa debería ser una de las grandes metas de cualquier empresa: que el consumidor no solamente compre, sino que confíe.
La calidad no puede quedarse en el discurso
Durante décadas, las empresas han evolucionado de modelos centrados en la inspección del producto hacia sistemas de calidad, mejora continua, satisfacción del cliente, gestión de procesos, digitalización, análisis de datos e inteligencia artificial.
Sin embargo, existe una pregunta que vale la pena hacerse: ¿de qué sirve tener herramientas modernas si seguimos administrando empresas con problemas básicos de organización?
Podemos hablar de inteligencia artificial, automatización, transformación digital e Industria 4.0.
Pero una pequeña empresa que no conoce con precisión cuánto le cuesta producir, cuánto gana realmente, quién es su cliente, cuánto inventario tiene o qué experiencia está ofreciendo, difícilmente podrá aprovechar esas tecnologías.
La transformación empresarial no comienza necesariamente con una computadora sofisticada o preguntarle a la IA crea un negocio.
A veces comienza con algo mucho más sencillo: conocer el negocio. Saber qué se vende, saber por qué lo compran, saber cuánto cuesta, saber cuánto deja. saber qué quiere el cliente, saber qué proceso falla y sobre todo, saber qué hace diferente a la empresa.
Tuxtla tiene una oportunidad
Tuxtla Gutiérrez tiene una posición estratégica dentro de la economía de Chiapas. La concentración de unidades económicas, empleo y remuneraciones demuestra que la capital tiene un peso considerable en la actividad económica estatal.
Pero el siguiente paso no debería consistir solamente en abrir más negocios, tenemos que conseguir que los negocios existentes aprendan a crecer.
Eso significa profesionalizar la administración, fortalecer la educación financiera, utilizar tecnología de manera inteligente, mejorar los procesos, formalizar progresivamente las actividades económicas y construir marcas que sean reconocibles por algo más que por su precio, también significa dejar de pensar que la calidad es un gasto, la calidad es una estrategia de permanencia.
Un negocio que compite únicamente por precio siempre encontrará alguien dispuesto a vender más barato.
Una empresa que compite por confianza, servicio, experiencia, calidad e identidad tiene mayores posibilidades de construir relaciones duraderas.
Chiapas no necesita solamente más emprendedores
Necesita emprendedores que se conviertan en empresarios.
Necesita empresarios que construyan organizaciones.
Necesita organizaciones que generen empleos dignos.
Necesita empresas capaces de innovar sin perder su identidad.
Y necesita consumidores que reconozcan y valoren a las empresas que cumplen.
No se trata de abandonar el emprendimiento. Se trata de llevarlo a una segunda etapa.
Emprender debe ser el principio, no el destino.
El verdadero éxito no debería medirse únicamente por cuántos negocios nacen en un año, sino por cuántos consiguen llegar a cinco, diez, quince o más años; cuántos generan empleos; cuántos se formalizan; cuántos desarrollan nuevos productos; cuántos sobreviven a las crisis y, sobre todo, cuántos construyen una relación de confianza con sus clientes.
Chiapas tiene talento, necesidades, mercados y personas dispuestas a trabajar.
Lo que necesitamos fortalecer es el puente entre esa iniciativa y la consolidación empresarial, quizá el gran reto de nuestra economía no sea crear más negocios, quizá el verdadero reto sea aprender a hacer que las empresas permanezcan y para permanecer no basta con vender, hay que construir calidad, hay que construir identidad, hay que construir confianza.
Porque los productos pueden cambiar, los mercados pueden cambiar y la tecnología puede cambiar, pero una empresa que quiera permanecer debe hacer que su cliente siga creyendo en ella.










