Un pacto por la educación: Más allá de los sexenios

Opinión y propuesta

Dr. Andrés Vázquez López

Una de las tareas más difíciles para cualquier país es desarrollar una visión de Estado, una en que la sociedad logre acuerdos tan sólidos, profundos y permanentes que trasciendan a los gobiernos en turno. Uno de los pilares fundamentales que debería contemplar esa visión es la educación.

Nuestro país debiera alcanzar una política de Estado en materia educativa que defina claramente el tipo de estudiante y de egresado que el sistema busca formar, determinando así el modelo de ciudadano al que aspira. Ponerlo en práctica no es sencillo, pero la urgencia del problema lo vuelve indispensable.

Por otro lado, México ha participado en las pruebas PISA desde el año 2000; es decir, llevamos alrededor de 26 años formando parte de estas mediciones. Durante este periodo, se han alternado en el poder 5 gobiernos de tres partidos políticos distintos (PAN, PRI y Morena), encabezados por los presidentes Fox, Calderón, Peña, López Obrador y Sheinbaum. Y ninguno ha logrado construir esa visión de Estado ni mejorar sustancialmente los niveles educativos en el país. Nadie niega los avances alcanzados, pero resulta evidente que son insuficientes.

Por ello, sería necesario que tanto el Secretario de Educación como la Presidenta de la República sienten las bases para un gran pacto nacional que permita transformar la educación en México, de inmediato y en beneficio de las próximas generaciones.

Para hacer esto posible, el Poder Ejecutivo a través de la Secretaría de Educación Pública y con el respaldo de la de Gobernación, debería negociar con los gobiernos estatales como con el Congreso de la Unión, las características del modelo de ciudadano al que aspira nuestro país. Se trata de un proceso complejo, pero indispensable para definir un perfil claro sobre el cual orientar todos los esfuerzos educativos.

Este pacto tendría que ser tan sólido y profundo que incluya mecanismos, preferentemente constitucionales, para resistir los cambios políticos y el paso del tiempo, entendiendo que sus frutos tardarán entre 20 y 25 años en verse. Si se hiciera, durante ese tiempo veríamos primero evaluaciones tan alarmantes como la última, pero al paso del tiempo y manteniendo el esfuerzo; notaríamos cómo la tendencia va cambiando para mejor. El tema es complicado, pero no imposible.

Suena a un camino largo, pero es indispensable; entre más pronto empecemos, mejor.

Ojalá que sí.

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