Opinión y Propuesta
Dr. Andrés Vázquez López (En colaboración con Marco Velasco)
Nos hemos acostumbrado a coexistir con la tragedia humana cotidiana. En 2015, la imagen impactante de Aylan Kurdy, un niño sirio de apenas tres años que perdió la vida en el Mediterráneo huyendo de la guerra, conmocionó al mundo y expuso de golpe la crudeza de la crisis migratoria y la pobreza. El flujo de noticias trágicas no se detiene; día a día nos expone al sufrimiento ajeno hasta convertirlo de forma peligrosa en parte del paisaje diario.
Esta insensibilidad social no sólo ocurre en fronteras lejanas o en escenarios de conflicto bélico, sino también en el corazón de nuestras propias comunidades. Un caso reciente y desgarrador es el de Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que falleció apenas dos semanas después de ser desalojada de la vivienda en la que habitó durante décadas. El motivo de su expulsión fue simple y despiadado, la empresa dueña del inmueble decidió triplicar el costo de la renta
Pareciera que las personas han dejado de importar y que el único valor imperante es el dinero. La expansión de un modelo económico capitalista e imperialista en su vertiente más agresiva ha normalizado excesos donde el lucro privado se antepone a la dignidad básica. En casi todos los rincones del planeta se ha vuelto «habitual» presenciar el hambre, la pobreza, la falta de acceso a la salud, la escasez de alimentos y la pérdida de oportunidades.
El hecho de que la injusticia se haya vuelto trágicamente común, no significa que deba ser aceptada como la norma. La apatía es el mayor aliado del despojo. Es indispensable tomar conciencia y actuar activamente para transformar esta realidad, construyendo alternativas donde el derecho a la vida, a la vivienda y a la dignidad, estén por encima de cualquier especulación comercial.
Acostumbrarse a la deshumanización es el primer paso para perpetuarla. Es indispensable indignarnos, cuestionar las lógicas financieras que desplazan a los más vulnerables y tomar acciones concretas para transformar esta realidad.
Este artículo queda dedicado a la memoria de Maricarmen Abascal, y todas las personas cuyas vidas sufrieron las consecuencias de un sistema que olvidó lo que significa la humanidad.
¿Permitiremos que la costumbre nos vuelva ciegos ante la injusticia, o seremos capaces de despertar la conciencia colectiva para exigir un mundo donde la dignidad no tenga precio?
Ojalá que sí.










