Chiapas enfrenta rezago en el hábito lector entre jóvenes

Más allá de encontrar información, la lectura permite desarrollar comprensión, ampliar el vocabulario, estimular la imaginación y aprender a concentrarse. Por eso, recuperar el vínculo con los libros se ha convertido en uno de los retos que enfrentan actualmente las bibliotecas.

Cinthia Ruiz / Marco Alvarado / Edén Gómez / Fotos: Erick Bustillos / Diseño: Luis Méndez / Diario de Chiapas

Luego de que México reprobara en las pruebas PISA, donde cuatro de diez estudiantes estaban por debajo del 41.8 por ciento en los índices de lectura, la realidad sobre el acceso a la información y la apatía hacia este hábito, especialistas, docentes y promotores culturales exponen algunos de los pormenores de esta crisis cultural.

Bajo esta premisa, la falta de lectura frecuente entre niñas, niños y jóvenes también se refleja en la comprensión de los textos, donde leer de manera apresurada, omitir signos de puntuación o pasar por alto información importante son algunas de las dificultades señaladas por especialistas, en un contexto donde los contenidos digitales ocupan cada vez más tiempo de los estudiantes.

Ferias del libro como espacios para la lectura

En Chiapas, el panorama es preocupante, José Luis Ruiz Abreu, director de la Librería José Emilio Pacheco y coordinador de la Décima Tercera Feria Internacional del Libro de la UNACH, señaló que Chiapas se encuentra entre los lugares con menor lectura y mencionó que registra 0.5 por ciento de lecturas. A pesar de este panorama, Ruiz Abreu señaló que el interés por los libros entre los estudiantes todavía existe y la presencia de jóvenes en las actividades de la Feria Internacional del Libro dijo, son una muestra de ello.

Durante la edición anterior, explicó, se registraron alrededor de 15 mil asistentes durante cinco días, entre estudiantes, investigadores y docentes; también, la feria reunió más de 40 stands de editoriales, presentaciones de libros y actividades en distintas salas.

El problema está en que acudir a una feria o participar en una actividad literaria no necesariamente significa tener un hábito de lectura, el interés puede aparecer durante un evento, pero la lectura requiere continuidad, dedicar tiempo a un libro, regresar a él y leer por iniciativa propia.

Ruiz Abreu señaló que actualmente la Inteligencia Artificial (IA) también ha ganado terreno entre los jóvenes, pero consideró que esto no ha eliminado el interés por los libros. Por ello, destacó la importancia de continuar con talleres de lectura y actividades que permitan mantener ese acercamiento.

La literatura infantil como estímulo

Para Luis Antonio Rincón García, escritor de literatura infantil y juvenil, el problema va más allá de leer pocos libros. El deterioro de la comprensión lectora en niñas, niños y jóvenes es una problemática que se ha observado desde hace años.

En el entorno familiar, señaló, una de las manifestaciones más frecuentes es la falta de interés por el hábito lector, acompañada de una lectura apresurada en la que se omiten signos de puntuación y datos esenciales.

Esto significa que el problema no solamente está en cuánto se lee, sino en qué tanto se comprende en lo que se lee.

Rincón García también señaló que, decir que las nuevas generaciones leen igual que antes, pero ahora mediante dispositivos digitales, es una verdad a medias, existe una diferencia entre consumir contenidos digitales y leer una obra en la que intervienen autores, editores y correctores.

La lectura de un libro requiere seguir las ideas, prestar atención a los detalles y mantener la concentración durante un periodo más prolongado. En cambio, buena parte de los contenidos que circulan en dispositivos pueden consumirse rápidamente y pasar de uno a otro en cuestión de segundos.

En este sentido, el autor planteó que las familias y educadores deben predicar con el ejemplo e incorporar la lectura en voz alta en casa, independientemente de la edad de los hijos.

La fugacidad de los dispositivos

Yadira Rojas León, maestra en Letras Mexicanas del Siglo XX y coordinadora de la licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericanas, señaló que, precisamente la rapidez de la información es uno de los obstáculos actuales para fomentar la lectura. Los dispositivos móviles permiten obtener respuestas de manera inmediata, mientras que un libro requiere un proceso de reflexión y concentración.

También, advirtió sobre la multitarea y la idea de productividad, debido a que realizar varias actividades al mismo tiempo puede restar espacio a la lectura.

De acuerdo con Rojas León, los bajos resultados en comprensión lectora también reflejan la falta de dinámicas de lectura en las aulas o una aplicación deficiente de estas prácticas. Por ello, planteó que los docentes deben asumir un papel activo como promotores de la lectura y que es necesario acercar los acervos bibliográficos a las escuelas.

Ahora, los jóvenes todavía pueden interesarse por los libros, pero ese interés no necesariamente se convierte en un hábito lector. Los asistentes registrados en la Feria Internacional del Libro muestran la capacidad de estos espacios para reunir a estudiantes y acercarlos al mundo editorial. Sin embargo, esa cifra no permite afirmar que todos ellos sean lectores habituales.

El interés por los libros sigue presente en espacios como las ferias y actividades literarias, el reto para las escuelas, las familias y las instituciones culturales es conseguir que ese primer acercamiento tenga continuidad y que leer no sea solamente una actividad ocasional, sino una práctica que permita a los jóvenes comprender mejor la información que reciben todos los días.

El papel del libro frente a las nuevas tecnologías

En un mundo donde las pantallas están cada vez más presentes en la vida de niñas, niños y jóvenes, los libros enfrentan un nuevo reto: competir por la atención con celulares, redes sociales, videos y contenidos digitales que ofrecen estímulos inmediatos.

El uso de dispositivos electrónicos ha cambiado la manera en que los estudiantes realizan sus investigaciones y tareas escolares. Para muchos, buscar información en internet resulta más rápido y sencillo que acudir a una biblioteca a consultar un libro y dedicar tiempo a una lectura completa.

Pero detrás de esta transformación existe una preocupación: ¿Qué pasa cuando las nuevas generaciones dejan de acercarse a los libros?

Más allá de encontrar información, la lectura permite desarrollar comprensión, ampliar el vocabulario, estimular la imaginación y aprender a concentrarse. Por eso, recuperar el vínculo con los libros se ha convertido en uno de los retos que enfrentan actualmente las bibliotecas.

Y ante esta realidad, algunas bibliotecas han decidido salir de sus instalaciones para acercarse a los lectores.

Uno de los programas que busca acercar nuevamente los libros a la comunidad es la Biblioteca Itinerante, una estrategia que lleva actividades de lectura directamente a escuelas e instituciones.

El objetivo es sencillo: que los libros lleguen hasta donde están las personas y que la biblioteca deje de ser solamente un lugar al que se acude para hacer una tarea.

Actualmente, entre los espacios que visitan se encuentra el CEDECO, donde trabajan con aproximadamente 20 adultos mayores. Donde realizan lectura de poesía.

Pero este programa también pone especial atención en las nuevas generaciones.

En los jardines de niños se realizan actividades de lectura y ejercicios relacionados con el aprendizaje de las vocales y el abecedario. Y el trabajo no termina en preescolar: las actividades pueden adaptarse para estudiantes de primaria, secundaria y preparatoria, de acuerdo con las necesidades de cada plantel.

Así, la biblioteca busca convertirse nuevamente en un espacio vivo, donde leer también significa convivir, aprender y descubrir.

En las bibliotecas, también hay otra estrategia que busca algo todavía más sencillo: poner los libros frente a los ojos de las familias.

Cada viernes, al exterior de la biblioteca, se instala un “tendedero de libros”, donde se exhiben cuentos, novelas, revistas y materiales educativos para que quienes pasan por el lugar puedan acercarse, conocerlos y despertar su interés por la lectura.

En tiempos donde basta deslizar un dedo para pasar de un video a otro, este tendedero representa una invitación a detenerse, mirar y abrir un libro.

La responsable de la biblioteca, Venturina Marín Cruz, reconoce que el internet y los dispositivos electrónicos han transformado la forma en que niñas, niños y jóvenes buscan información. Sin embargo, considera necesario recuperar el contacto con los libros y aprovechar las bibliotecas como espacios de consulta, aprendizaje y convivencia.

La invitación es especialmente para madres y padres: llevar a sus hijos a las bibliotecas no solamente cuando tengan una tarea escolar.

Porque quizá el verdadero desafío no sea competir contra el celular, sino volver a despertar en las nuevas generaciones la curiosidad por abrir un libro.

Y mientras las pantallas ocupan cada vez más espacio en la vida cotidiana, iniciativas como las bibliotecas itinerantes y el tendedero de libros buscan recordar que todavía existen historias, conocimientos y mundos enteros esperando ser descubiertos entre sus páginas.

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