Jorge Fernández Menéndez

Razones

Las elecciones de medio término en Estados Unidos de mañana martes pueden cambiar los equilibrios legislativos en Washington, pero difícilmente cambiarán las tendencias que marcan la relación con México.

Primero, los resultados. Todo indica que los demócratas se quedarían con el control de la cámara de representantes, mientras que el senado está en disputa. Según las encuestas de Fox News, los demócratas tendrían en la cámara alta 48 asientos asegurados y los republicanos 45, con siete estados en disputa: Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Michigan Kansas (una verdadera sorpresa, hace 96 años que los demócratas no ganan) y Texas (otra sorpresa).

¿Pero ese resultado cambia la relación con México? No, en términos comerciales un congreso demócrata podría presionar más en el tema de aranceles, por ejemplo, pero estamos hablando de atribuciones presidenciales, muy amplias para la Casa Blanca, y no tendrían efecto directo ni sobre los aranceles, ni sobre la negociación del TMEC.

Trump tiene dos años por delante y querrá cerrar su legado con un cambio profundo en Estados Unidos y el mundo, además de tratar de garantizar el triunfo de su partido (y de uno de los suyos) en la elección de 2028. No ablandará sus posiciones, las endurecerá. Querrá ver concretados sus objetivos porque todo lo anterior depende de ello.

En seguridad, los éxitos indiscutibles logrados en muchos ámbitos (el caudal de detenciones de las últimas semanas o los operativos conjuntos realizados por fuerzas militares de los dos países lo confirman) empequeñecen ante la negativa del gobierno federal para no investigar ni mucho menos entregar a los políticos de Morena relacionados con el crimen organizado, comenzando por Rubén Rocha y Enrique Inzunza. No sólo el proceso contra todos ellos y muchos más continúa en la fiscalía y la Corte del sur de Nueva York, existe otro macroproceso en Chicago, y en ambos se conjuntan tanto el tráfico de drogas, sobre todo de fentanilo, con el contrabando de combustible, un delito binacional.

En la Casa Blanca la duda nos parece pasar sobre si se aumenta o no la presión sobre México, si no en qué grado hacerlo, para evitar una desestabilización del país. Pero si no hay cambios en la posición de Palacio Nacional la presión se profundizará después de las elecciones de mañana más aún con el escenario de los comicios intermedios de México en junio próximo.

Se dice que Sheinbaum podría ir a la reunión de la APEC en China, este mismo mes, y que allí se podría finalmente reunir con Trump, aunque sigue siendo muy diferente una reunión en un evento internacional que un encuentro en Washington o una visita de Estado.

Ha trascendido, y sería un grave error si se confirmara, que, en esa visita a la APEC, si se realiza la reunión con Trump se buscaría una con Vladimir Putin. El mensaje sería fatal para la relación bilateral y para el posicionamiento internacional de México, además confirmaría lo que hemos insistido una y otra vez: la penetración de Rusia, su sistema de espionaje y de información, y de sus medios, en México gracias a las puertas abiertas del propio gobierno.

Este miércoles en una charla en el Milken Institute, el embajador Ronald Johnson sostuvo que, lo replicó en un tuit, “los Estados Unidos y México tienen algo que ningún otro país puede replicar: nuestra cercanía geográfica, cadenas de suministro integradas y profundos lazos económicos y humanos. Tenemos todo lo necesario para construir una relación que sea la envidia del mundo. Pero la prosperidad y la seguridad van de la mano. Juntos, como socios, podemos convertir estas ventajas únicas en más inversiones, empleos y un futuro más seguro y próspero para nuestros pueblos. Hacerlo separado genera más desafíos y obstáculos para la seguridad y el crecimiento económico”.

La intervención establece con claridad meridiana la propuesta estadounidense. Una integración profunda de la economía y las cadenas de suministros para construir una relación que “sea la envidia del mundo”. Pero no puede hacerse aislada de temas como la energía y la seguridad: la energía es clave para el futuro en un plano incluso mayor que el actual: toda la economía del futuro, comenzando con la relacionada con la IA, requerirá enormes cantidades de energía y la idea de crear una suerte de mercado común energético de América del Norte debería sonar cada día más atractiva. No lo es para el gobierno federal que sigue pensando en términos energéticos de hace un siglo.

Nada de eso se podrá hacer sin seguridad. La clasificación de los cárteles como terroristas es clave en términos estratégicos y legales, tanto como tener una visión regional y hemisférica de la seguridad. Y en ese sentido, la negativa del gobierno federal de avanzar en las investigaciones y detenciones de narcopolíticos con acusaciones en Estados Unidos y ampliamente investigadas y documentadas por los medios, cierra la puerta a todas esas oportunidades.

En Palacio Nacional piensan que se puede realizar una integración en cadenas productivas sin avanzar en seguridad o en energía, sin abrirse a la inversión privada en todos los ámbitos y eso, hoy, es una utopía. América del Norte puede ser la región más próspera del mundo, pero no puede ser una realidad sin estrategias comunes en lo comercial, lo industrial, lo energético, lo militar, la diplomacia y la seguridad, sin que eso afecte en última instancia la soberanía nacional, si la entendemos como la resultante de un mundo globalizado y con los cambios que ha determinado el siglo XXI. No estamos en la posguerra o en la guerra fría. Este es otro mundo. Y no cambiará con las elecciones del martes.

Compartir:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *