Razones
Jorge Fernández Menéndez
El gobierno federal y Morena hicieron todo lo posible por quitarle su perfil ciudadano al INE, y lo hicieron de la manera más sencilla: poniendo a una incondicional, Guadalupe Taddei, una presidenta del Instituto que les dio la sobrerepresentación que les permitió tener el 75 por ciento de la cámara de diputados con 54 por ciento de los votos ( la mayoría en el senado la lograron comprando y amenazando a tres senadores, entre ellos el impresentable Miguel Ángel Yunes); colocando como consejeros a militantes de Morena y funcionarios del gobierno; y gracias a iniciativa de Sergio Gutiérrez Luna, dándole a Taddei atribuciones para designar a todos los principales funcionarios del INE en forma discrecional.
Todas esas designaciones siempre se habían hecho en el Instituto en forma colegiada, respaldadas por todos los integrantes del consejo. Esa decisión fue clave para que el Instituto electoral perdiera su carácter ciudadano y se convirtiera en partidario.
El equipo de la señora Taddei para poder seguir manipulando al INE (y haciendo sus negocios) no sólo le quitó poder al consejo y a los consejeros, sino también al servicio electoral de carrera, a las mujeres y hombres que durante años garantizaron elecciones libres y justas en el país. Cuando Taddei logró contar con el apoyo incondicional de otros cuatro consejeros, teniendo así mayoría en el consejo, toda interlocución quedó cancelada al tiempo que aumentaban las presiones contra trabajadores y funcionarios de carrera del Instituto.
Los senadores de Morena ayer reclamaron en forma grosera, es el estilo de Adán Augusto que sigue siendo el líder real, a quienes denuncian a Taddei diciendo que el INE opera con las mismas reglas que ahora criticamos. No es verdad. Las reglas cambiaron, nunca se había elegido a un presidente del INE por tómbola, con una quinteta conformada exclusivamente por personas cercanas a Morena. Nunca se había hecho sin negociar con los demás partidos, incluyendo en su momento el PRD y luego Morena. Nunca se había concentrado todo el poder en el consejero presidente. Nunca habíamos tenido más de la mitad de los consejeros tan claramente alineados con Morena y el gobierno, provenientes incluso de posiciones del propio gobierno y varios sin experiencia electoral. Nunca se habían dado tantos contratos en forma discrecional a amigos, novios, choferes, allegados de la consejera presidenta.
Este INE no tiene nada que ver (conserva funcionarios y personal de carrera, algún consejero/a digno) con el que se había creado desde 1990, todavía con presencia del gobierno pero que en 1996 se convirtió en un verdadero órgano ciudadano, receptor de la confianza de la sociedad, una confianza que el INE de Taddei también ha perdido.
El 3 de junio de 1994, tras la reforma electoral de ese año, se nombró por consenso político a seis destacados miembros de la sociedad civil e intelectuales, quienes asumieron el control de las decisiones con voto exclusivo en el Consejo General: Santiago Creel Miranda; Miguel Ángel Granados Chapa; José Agustín Ortiz Pinchetti; Ricardo Pozas Horcasitas; José Woldenberg Karakowsky y Fernando Zertuche Muñoz fueron los primeros consejeros. Su peso social y académico más allá de sus ideologías, su talante democrático, fueron los que le dieron al IFE, que luego se convertiría en INE, esa autonomía y esa concepción ciudadana que en nada se parece a lo que tenemos hoy. En 1996, con Woldenberg como consejero presidente, el IFE obtuvo plena autonomía sin ninguna participación ya del gobierno federal en un consejo con nueve integrantes elegidos por todos los partidos.
¿Hubo errores y algunos excesos todos esos años en el INE? Por supuesto, pero seguía siendo una institución ejemplar que resistió incluso la falsa acusación de fraude electoral de 2006 y la campaña de López Obrador contra Lorenzo Córdova en los años posteriores. Visto en retrospectiva, el objetivo era claro: la idea siempre fue apoderarse el del IFE y luego del INE (había adquirido esa denominación en la reforma de 2014).
La red de corrupción creada en el INE en la administración Taddei cubre toda la actividad del Instituto y va de la mano con la pérdida de la ciudadanización y la autonomía; de la concentración de poder en Taddei y de la exclusión no solo de oposición sino también de los propios consejeros que no eran incondicionales en la operación del INE. La red abarcó negocios en por lo menos 23 estados a través de acuerdos con las autoridades de cada uno de ellos, controladas cada vez más también por gobernadores y el propio Instituto; hizo negocio con elecciones federales, locales y la judicial; involucró a otras instituciones como los Talleres Gráficos de México, y finalmente todo fue exhibido como nunca con pruebas documentales, mostrando una corrupción tan evidente como realizada con todo sentido de impunidad.
El gobierno federal y Morena llevan ya diez días tratando de deslindarse de Taddei y la corrupción generada en torno suyo, y lo único que han logrado es quedar cada vez más en evidencia, mientras también cada día siguen apareciendo más datos, más información sobre los malos manejos y las complicidades de ese clan y su relación con el gobierno y el partido en el poder.
Decía don Jesús Reyes Heroles que la forma es fondo. Y en toda esta historia el gobierno y el oficialismo han perdido hasta las formas, porque están involucrados hasta el fondo.










