Dr. Jorge Alberto Rincón Acebo Tuxtla Gutiérrez, Chiapas
¿Cómo lo ves? Gente desatada, yéndose: los que tienen posibilidades en avión, los otros en camión o carro. Separados en las colas, apretujados en aviones, vehículos y centros vacacionales.
Se enfermarán, adquirirán una alta dosis viral con variantes mutantes internacionales o de alto flujo. Llegarán en semanas, se quedarán. Como lo que no ves o no te ha afectado no te importa, ¡hasta beneficiado serás, si heredas!
Los viajeros, pasados quince días, les quitarán la posibilidad de ser hospitalizados a pacientes crónicos, quienes ciertamente están enfermos por no mantener su equilibrio orgánico, pero se vienen cuidando desde tiempo atrás. ¡Ahora mueren a consecuencia de los que no se cuidaron! Quien se cuidó con el dióxido de cloro, también fenece a consecuencia del Covid.
Todo es una cadena.
¿No podría haber permanecido en casa? ¡El ‘No’, sobra!
Dos médicos especialistas del Hospital La Raza del IMSS, fenecen después de ser vacunados. El hecho permite reflexionar que se entrelaza la genética, el estado de salud, la carga viral y las variantes. También muere paciente tratado con dióxido de cloro. La prevención que otorgaba, fue rebasada. Es imperativo replantearse a la higiene como la base de la conservación de la salud.
Cubrebocas o mascarilla:
Fuiste creado para no contagiar durante una cirugía, evitando campos quirúrgicos contaminados. También para evitar ser contagiados los inmuno suprimidos, por quienes los rodean.
Hace un año me acompañas. ¡Es nuestro primer aniversario! ¡No te abandonaré aunque este vacunado! No solo por sesenta días. Usarte es también un rasgo de solidaridad y empatía.
No hallo la mejor forma de reciclarte, de desecharte cuando ha terminado tu periodo de utilidad y seas reemplazado.
Existes de diferentes texturas, confiriendo diferentes grados de seguridad. Acorde a tu composición y precio, otorgas status y categoría.
Además, despojas de arrogancia a la nariz al impedir levantarla. Tus correas o hilos jalan las orejas, recordando que somos falibles y recordando que sirven para escuchar, cerrando la boca para meditar lo que se expresa. Al cubrir el rostro, homogenizas la belleza y fealdad con la juventud y edad madura. Ocultas su expresividad: ya sea enojo, alegría, tristeza o indiferencia. Haces resaltar a los ojos, enseñándoles a mirar de frente, compartiendo su alegría.
Haces expresar sentimientos a través de las acciones y no de las palabras.
Al despojarse mutuamente de ti, se permite prolongar la caricia anímica.










