Adiós a “un jefe duro de corazón blando”

La Jornada / Blanche Petrich

Del poeta vasco Xavier Lete se tomó la frase Del tronco nacerán los nuevos (Go sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak). Solía cantarla Mikel Laboa, filósofo nato, según decía Josetxo Zaldua, coordinador general de edición de La Jornada. La cinta blanca de las flores enviadas por el partido ¬abertzale EH Bildu, con esas palabras impresas, presidió ayer su féretro durante un funeral al que acudieron en montón esos nuevos, los reporteros, fotógrafos y editores de nueva generación del diario, formados a punta de rigor y humor por el periodista fallecido.

Se fue ataviado con una guayabera de gala yucateca, regalo de su gran amigo Fabrizio León, ex editor de La Jornada de Enmedio y fundador de La Jornada Maya. Sobre la caja fue extendida una ikurriña, bandera de Euskadi, su tierra de origen, aunque con los años también fue mexicano, nicaragüense y adoptivo de muchas otras patrias.

El velorio, sobrio y pausado, congregó a numerosos familiares, compañeros y amigos.

De los corrillos de pronto salían las risotadas. La vida de Zaldua estuvo plena de risas, a pesar de todos los pesares. Lo mismo sucedía durante las cotidianas juntas donde se cocina la edición del día siguiente. Claridoso y tozudo, usaba lo mismo el humor que el látigo (figurativo) para mantener alerta a su equipo.

Un jefe duro de corazón blando, decía una compañera. Uno que confiaba en ti y en quien podías confiar plenamente, porque por muy arriesgada que fuera tu orden de trabajo, siempre sabías que él te iba a defender y respaldar. Un editor que dio tanto peso a la imagen como a la información. Un directivo que siempre hizo valer el equilibrio entre las fuerzas antagónicas. Un editor que supo ver hacia adelante cuando se vinieron encima los cambios de la revolución tecnológica

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