Ángel Albino Corzo: un legado que vive en el presente

Rigoberto Nuricumbo Aguilar
Chiapa de Corzo, Chiapas
Conmemorar el 150 aniversario del fallecimiento del General Ángel Albino Corzo Castillejo (1875-2025), nos convoca a reflexionar sobre su importante legado histórico cimentado en los ideales liberales de soberanía, laicismo, república y justicia social.
Nacido el 1 de marzo de 1816, en la hoy Chiapa de Corzo -ciudad que porta su apellido-, Ángel Albino Corzo creció en tiempos de profunda agitación política, social y militar durante el siglo XIX. Por lo tanto, no fue un espectador de su época, sino un protagonista que se hizo a sí mismo para forjar una trayectoria que en nuestros días tenemos presente.
Construyó un liderazgo como pensador y reformista. También, podemos decir que fue un soldado defensor de la soberanía, la libertad y la igualdad, porque entendió que estos valores no se heredan, se defienden con acciones firmes y valientes.
Como gobernador de Chiapas, el General Corzo impulsó una visión progresista: fortalecimiento de las instituciones, educación pública, igualdad ante la ley y la separación entre la Iglesia y el Estado. Es decir, su voz, su pluma y su espada, estuvieron al servicio del pueblo y de la patria.
Por ello, Ángel Albino Corzo vive en lo que hacemos, porque más allá de fallecer el 12 de agosto de 1875, y su nombre estar en monumentos, calles, escuelas… su legado cobra vigencia, pues los principios del pensamiento progresista apegados al bienestar humano y comunitario que impulsó, se reflejan hoy en las políticas públicas orientadas a la equidad y al desarrollo regional para una vida digna, participativa y sostenible de las personas y las comunidades.
En conclusión, Ángel Albino Corzo es un legado que vive en el presente porque es un clásico; aunque perteneció a una época y es considerado un personaje ilustre de su tiempo, sigue siendo nuestro contemporáneo, ya que su obra permanece entre nosotros y persiste en el ámbito estatal y nacional.
Además, Ángel Albino Corzo es de Chiapa, une una tierra con su gente, puesto que el gentilicio “chiapacorceña o chiapacorceño”, determina nuestra identidad.

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