Ruptura amatoria
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
La ruptura de los amantes destruye vínculos, disolviendo la comunicación. ¡Jamás se vuelven a comunicar!
El macrocosmos de una relación, son los países. Cuando rompen relaciones, a la larga se reconstruyen comunicándose, comerciando, sojuzgando.
Semejan familias disfuncionales. ¿En dónde quedó el amor?
Los países, al hacerlo, no son los mismos ciudadanos.
Fue imposible la comunicación entre Isabel Primera de Inglaterra Y Felipe II de España.
Si entre países se vuelven a relacionar, ¿por qué no, en una relación amorosa?
¿Por qué romper la comunicación? Los humanos al reencontrarse, han cambiado.
En el ciber espacio, ante tal planteamiento, la mayoría femenina despotrica. Pocas mujeres lo consideran posible.
Las expectativas y malas elecciones, magnifican inadecuaciones. Para qué formar una relación, ¿para crear conflicto?
Es negativo y destructivo, es indispensable prevenir.
¡No destruyes a quien te da energía de pareja! En cambio, existen seres humanos, cultos y educados, destruyendo su economía al ser manipulados, como acaeció con el gasoducto ruso para comprar el gas más caro a EUA. Existe el símil al adquirir deudas para mantener hijos o el nivel de vida, evitándose al planificar la procreación y después de satisfacer la reproducción masculina, ‘romper el gasoducto’: cortar los conductos deferentes para nunca más embarazar, evitando adquirir deudas y enfermedades a consecuencia de las carencias. La ciencia trascendió la reproducción como consecuencia del placer sexual.
El amor perdura al trascender vicisitudes y existir salud mental.
Para Richard Burton, el amor hacia Liz Taylor persistió a pesar de los claroscuros y en su atribuida carta póstuma, expresó:
“Quiero saber, ¿cómo estás? Odio mío, mi cara y cruz, sombra y luz, paloma y cuervo. Por aquí nada nuevo. Añoro tu ausencia mientras la lluvia repite nuestros nombres. Eres como la lluvia y la memoria: clara, oscura, el arma hiriente, falsa, hermosa, ardiente y fría… el tiempo ha pasado, acompañado con las caricias de los celos y los mordiscos del deseo, las seducciones del engaño, el beso culposo. No hay vida sin ti, eres la hiedra, la hierba que besará mi lápida, la vida y la nada”.
Cuestiono a mi maestro de sexología, ADH. ¿Qué pensaba de la carta? Y expresó después de analizarla:
“Percibo como imposible que una relación así, se disolviera abruptamente. ¿Para qué añorar lo que siempre pudiste tener? ¿Para qué derribar lo que siempre debió estar unido de manera indestructible? ¡Cómo desperdiciar cuando se logra tener ese intercambio de ideas y sentimientos! Pésimo para ambos. Me hubiera encantado escuchar la contestación de ella”.
Sublime.
Si ambas partes, en un momento, llegan a sentir lo mismo y a través de los actos, palabras e ideas plasmadas, dejan que el tedio y la rutina lo acabe, es suicida.










