No cualquiera llega a los 105 años
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
Además, consciente e intelectualmente activo, acompañado y valorado. Esto es singular.
Lo alcanzó Fernán Pavía Farrera, tuxtleco nacido el 20 de agosto de 1920, reintegrado a la naturaleza el 28 de septiembre de 2025.
Habitó en Tuxtla. Existió en su juventud y se formó como Médico en el Distrito Federal. Incursionó en la toma, realización e interpretación de papanicolaou cervicouterino, en la toma e interpretación de Rayos X, en la administración hospitalaria. Practicó la cirugía a nivel institucional y particular, erigiendo sanatorio y clínica, de los más avanzados para su época. ¡Aún existe el edificio! Al jubilarse en 1987 del IMSS, persistió como médico y despertó el escritor que siempre había sido, abarcando el área de la remembranza, toma de consciencia.
Acudí a edad temprana como paciente y, de adulto, como compañero. No cultivé la amistad, pues en ella se emplea el tiempo y la convivencia. Lo observé en actos públicos, médicos, universitarios y culturales. Como académico de la lengua y geografía fue elocuente, parco, certero, no desperdiciaba palabra en puerilidades. Dialogué y lo continuaré haciendo ampliamente a través de sus obras. Las tres primeras de Alta luz, cargadas de detalles. En San Pascualito anduve de su mano por Tuxtla, mostrándome senderos en las calles, vivencias de su infancia y juventud. A través de la calle de Comercio me acercó al antiguo hospital, luego llamado Domingo Chanona. Estuvimos parados en su pórtico y pasillos. Compartió la manera de cómo se esterilizaba y se administraba. Rememoró que, al ser reinaugurado en su nuevo edificio por el presidente de la república Ávila Camacho, para que se viera amueblado fueron trasladados de la Secretaría de Salubridad estatal, para luego retornarlos.
Recordó su corta vida útil del edificio, sus experiencias como pasante en Ocozocoautla, su desempeño en el IMSS como Director Fundador del hospital durante 13 años (Edificio del Sanatorio Rojas). También sindicalista. La necesidad de anteponer la práctica humanitaria a la teoría y formalidad.
Sus libros, sobre todo los del Alta luz, los imprimió por cuenta propia sin esperar patrocinio, mucho menos reconocimiento. Su existencia se amplió, alcanzando la inmortalidad mientras su obra persista. Permitiendo ver caminar, palpar, lo que físicamente se ha ido. Demostró que la remodelación -léase demolición, del centro de Tuxtla- fue pensada por Velasco Suarez, quien no quería a Tuxtla. Planeada por De la Vega Domínguez, frenada por Salomón González Blanco y ejecutada por Sabines Gutiérrez, quien no tiene todo el crédito ni el descredito de dicho acto. ¡Qué ganas de derribar lo edificado! ¡Eso que era Sabines! ¡Tuxtleco!
Los gobernadores sucesores, son fuereños asentados en la tierra.
Continuaré. Rememorarlo, mínimo abarcaría un libro.
Referencia
Pavía Farrera Fernán, 2008. Transformación del centro histórico de Tuxtla Gutiérrez.










