Explicando el ayer, para entender el hoy

Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]

Carecería de lógica México y su autodegradación, sin conocer a Santa Anna.
Esperó su tiempo, para así luego apropiarse de bienes y del poder.
¡Más audaz que el mismo Napoleón!
La pretensión de imponer como emperador mexicano al infante de Paula, hermano de Fernando VII, auspiciado por Inglaterra, con la expedición de Barradas de 1829. Al abortarla cubrió de gloria a Antonio. Hecho a reconocerle. ¿Acaso no habría otros patriotas?
La pérdida de su pierna fue por un cañonazo, por los reclamos de la reposición de una pastelería destruida por trifulca en su interior por miembros del ejército (la actual pastelería El Globo), ubicada en esa época en Tacubaya, en la Ciudad de México.
¡Valorada en miles de pesos de aquél entonces! ¿Qué activos tan preciados contenía?
La pastelería fue vil pretexto de Francia para despojar a México. ¡Cuando te desean joder, lo hacen hasta por portarte bien!
A este hecho,
un siglo después
le denominarán
surrealismo mexicano.
En el XIX
le llamo
ignorancia, bajeza, servilismo.
En 1836, Texas declaró su independencia de México, pero los rebeldes no fueron reprimidos por Santa Anna, por reposar, los vencidos lo apresaron. Para ser rescatado, firmó el reconocimiento de la independencia, cuando el ejército mexicano era superior en número y poderío. Tenían la capacidad de arrasar a los texanos con el ejército formado por realistas novohispanos, ahora mexicanos de tendencia conservadora, convirtiendo a Santa Anna -en caso de su muerte-en héroe de la categoría de Morelos e Hidalgo. En Antonio, su ego fue rebasado por su miedo a morir.
¡Sublime es morir!
¡Elevándote a categoría de héroe!
¡En un semidiós, a la altura de Heracles!
Que mendigar, reducido a deshecho.

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