Es un hecho sempiterno
Jorge Alberto Rincón Acebo [email protected]
Buscar la mejora de los a unos a los otros a través del saber para vivir mejor, sanos y libres de pensamiento.
La realidad es nutrida por la ausencia de conocimiento del pueblo, demostrada en su autodestrucción, en su reproducción sin medida, que acaba a la mujer. A la perpetuación del machismo.
Temores en lo irreal y al esclavismo auto denigrante. En el campo no existen variaciones. Se habita en un constante presente. En diferentes planos, sin principio ni fin. Así es la tristeza, la monotonía. Olvidándose de los hechos, de estar vivos.
Al contrario es la felicidad de habitar en ti. De ver geminar la vida, completar su ciclo. La muerte no es fin, sino retorno para la permanente transformación. Entonces, la tranquilidad campirana es aparente.
La historia no es más que recuentos de logros de depredadores que ocultan las carencias de los restantes.
El fin último es mantenerse sano y ser feliz, sin importar los bienes, sino lo que lleves en tu ser.
Algunos le llaman ‘fantasmas’ otros le llaman ‘miedos-‘’. Otros, demonios o ángeles. O serán abusos, cultivados por la desidia e ignorancia.
El cambio permanente permite permanecer. Lo que sientes y piensas, exteriorízalo. Sin conocer, no comprenderás. Sin recuerdos previos, sería imposible de describir, menos explicarlo. La lentitud y rapidez de la vida va lento: depende si sufres o gozas.
Trasladándonos al siglo XXI, se dice que aunque suene a chisme, la consigna es que los pobres no se reproduzcan y los viejos se apuren a fallecer.
Lo equitativo es que todos no debemos tener más de dos hijos.
-‘Es que ya no me da dinero para mantener a mis hijos, cada año me nace uno’.
¿Y si supieras que tú puedes decidir cuántos hijos tendrás y formarás?
-‘¿No lo sé porque no me lo enseñan!’.
-‘¡Sí lo sé y no me importa!’.
¿Acaso no vivirías con más espacio, más comida?
Aunque suene a guión, la familia pequeña vive mejor, al distribuirse los recursos en menos personas.
Cuando existe inequidad y toma de conciencia, se produce los estallidos sociales destructivos. Es necesario, a través de nuestra participación, acelerar las mejoras sociales, provocando una revolución pacífica, una aceleración del cambio para la mejora colectiva y no desencadenar revoluciones como la de Ayutla, Reforma o la llamada Mexicana.
Continuará…










